“Para mí, Cioran era un dandy intelectual”: entrevista de Patrice Bollon a CiprianVălcan

1. ¿Cómo llegó a conocer la obra de Cioran?

No me acuerdo exactamente como llegue a conocer el nombre de Cioran. Sin duda en un artículo de prensa; que me incitó a comprar a comienzos de los años 1970 la edición de bolsillo de Précis de décomposition –la cual conservo hasta ahora–. En ese entonces tenía veinte años y me consideraba cuanto más extremista. Militaba en una organización de extrema izquierda, anarco-comunista, y al mismo tiempo estaba fascinado también por la generación beat, intentábamos ser beatnik, con barba y largos viajes a Creta, Tánger, Estambul, etc. En el plano de las ideas, admirábamos de manera absoluta a Marx, Kropotkin, Stirner y Nietzsche, y en literatura a Lautrémont, Artaud y Bataille. En resumen, era una especie de retoño perfecto de la época, en algún lado entre el izquierdismo y los mitos de la marginalidad, del rock, de la “década”, del amor libre, etc. Así, el título mismo del libro de Cioran representó para mí una especie de “obturador de compra”, como se dice en marketing. ¡No podía ser más hermosa para mí la idea de “descomposición”! Creo que al comienzo me contente con picar pasajes de aquí y allá, como se me antojaba en el momento. Leí sistemáticamente a Cioran solo hacia finales de los años 1970 y luego más tarde, en 1986, en el momento de la aparición de Exercțiilor de admirație, lo encontré otra vez con motivo de un perfil para una revista chic y papel lustroso, City-Magazine, que titulamos: “L’ Aristocrate du doute” (“El aristócrata de la duda”). En aquel momento escribía mi primer libro, Morale du masque, un ensayo sobre la ética de la apariencia, y aspiraba más o menos hacia el dandismo. Entonces para mí, el descubrimiento de Cioran me representó un hecho literario; él me acompañó en la evolución intelectual y espiritual.

2. ¿Conoció personalmente a Cioran? ¿Cómo era el hombre Cioran?

Lo que me conquistó de él de manera inmediata fue su lado marginal y dandi. ¡En el encontraba de alguna manera un ejemplo de aquello que yo mismo soñaba ser! Opuesto total al de un hombre de letras, él era lo que Nietszche llamaba un espíritu libre. No le gustaba hablar sobre su obra. En últimas, su obra se encontraba a disposición de todos, era posible confundirte en ella y sacar la conclusión que quisieras. Por este motivo, con él se hablaba ante todo sobre las apuestas de la vida. Me acuerdo que la primera vez cuando lo vi le conté la historia de un personaje raro del mundo del rock, Vince Taylor, un perdedor magnificó (y en algunos aspectos ante todo patético), del que se inspiró David Brownie para su personaje ficticio “Ziggy Stardust”. Esto lo divirtió mucho. Como yo intentaba volver a la filosofía, ¡él me dijo que el destino de este hombre era mucho más metafísico que la totalidad de la obra de Kant! Porque en ese entonces estaba fascinado por la vida de Wittgenstein, me acuerdo que le conté también como hice, digamos, un “milagro” cuando era profesor de los niños de campesinos de la Austria baja. ¡Esto lo hizo reír a carcajadas! Después de esto comencé a encontrarlo o lo llamaba por teléfono casi semanalmente. Intercambiamos consideraciones sobre algunos autores poco frecuentados, como el gran sabio italiano Mario Praz. Se preocupaba por mi situación material (¿cómo imaginaba que yo que voy a sobrevivir sin un trabajo estable, como él?) también se interesaba por mi vida privada (¿quién era, por ejemplo, la joven y hermosa mestiza con la que me vio paseando por Saint-Germain-des-Prés la semana anterior? ¿Estaba enamorado? Etcétera.). En resumen, tenía con él discusiones interminables, muy placenteras, porque era abierto, gracioso, delicado y siempre con una cortesía sin defecto alguno. Yo personalmente no lo asocie nunca con el tema del suicidio o el pesimismo. Para mí, era un dandi intelectual -así como son los “verdaderos” dandis, puesto que el dandismo no tiene nada que hacer con el vestido. Como escribió Barbey d’Aurevilly, él es exactamente su negación: es una actitud, una moral de vida.

3. ¿Cuáles aspectos de la obra de Cioran atrajeron su atención en una primera lectura y cuáles considera importantes hasta hoy?

Los dos temas que me llamaron la atención en la primera lectura y que continúan atrayéndome hasta hoy, son aquellos que precisamente le recordé: la rebelión (en el sentido de la voluntad de seguir siendo un marginal, un asimétrico) y el modo de acomodarse. Así como se ha dicho muchas veces, para mí Cioran es ante todo un maestro de vida, de existencia: ¿cómo seguir siendo noble en un mundo que no es noble, aún más en un mundo innoble, corrupto, ruin, sucio, preso en la trampa sórdida del dinero, del logro material obtenido a cualquier precio? Para aquellos que lo quieren, Cioran les da una esperanza que lo van a lograr, como Wittgenstein de otra manera: ambos ofrecen remedios para lo que debemos llamar la decadencia espiritual. Ellos son verdaderos filósofos, en el sentido de sabiduría o grandes cínicos, semejantes al “cielo del perro” Diógenes. Diría solamente que, en este aspecto, Wittgenstein me parece más poderoso porque es más intransigente: un verdadero “santo civil”. Sin importar como están las cosas, nos hallamos lejos de una visión colgada en una percha sobre un Cioran melancólico y preocupado solamente por el estilo, visión que algunos difunden aun hoy y la cual, según mi opinión, lo degrada. En él no veía ninguna huella de afectación, en su modo de comportamiento, así como lo vemos en sus pretendidos “admiradores”. Era un ser recto, porque era verdadero, pero al que le podemos reprochar sin embargo, una determinada estrategia, aquella de no ir siempre hasta las últimas consecuencias en sus convicciones. Esto, le da, en cambio, el impulso. De costumbre los idiotas o los hombres insignificantes pasan por el lado de lo que enseña él, porque sus enseñanzas no tienen que ver con la literatura en el sentido estricto del término, sino precisamente en lo que es más importante, incluso en la única realidad que debe contar: la vida.

4. ¿ Cuál es la interpretación que usted da a la obra de Cioran?

En Cioran, l’Hérétique, he intentado dar una coherencia a su obra a través del tema de la “redención” para sus extravíos del pasado –me refiero a las posiciones antisemitas y prohitlerianas de juventud–. Este hecho me hizo proponer una interpretación de orden de político y moral que se halla bajo el signo –la expresión se encuentra en Cioran– “anti-utopía”. ¿Entonces, podemos seguir siendo fieles al ideal o al sueño de un levantamiento político y social total cuanto se conocen sus consecuencias? Y ¿qué hacemos después? ¡La tesis fue fuertemente criticada, pero, a veces, ha sido retomada, incluso por quienes la han retomado! Este es el juego de los insignificantes egos estúpidos, en los que Francia lamentablemente es especialista, pero dejemos el lodazal… esta tesis no es sino una proposición. Aún hay más. Se pude sostener, por ejemplo, que existe en Cioran una filosofía implícita de lo “vivo”, que solo necesita ser desarrollada. Esto lo que he defendido hace unos meses en un artículo del dosier Cioran en Magazine Littéraire. Finalmente, también está su estilo, sobre el cual todavía no he hablado. Cioran es un maestro de la escritura, igual en prosa a Baudelaire, además y en alguna medida, más grande que los moralistas franceses del siglo XVII, con quienes a veces se le asocia con cierta lentitud intelectual. Podemos decir entonces que en Cioran el estilo es todo, que la idea vine luego. Es la tesis defendida por algunos; el problema es que aquellos que piensan así no analizan nunca qué exactamente representa el estilo para Cioran. Cioran no fue un preciosista. Si el estilo puede ser considerado su mensaje, esto es posible porque, para él, el estilo no es una preocupación estética, sino una ética. Su obra ilustra la célebre frase del Tractatus lógico-philosophicus de Wittgenstein, según la cual “estética y ética son una”. En el fondo, ahí se ubica la interpretación general que yo le doy a su obra. Vuelvo a la idea de que el estilo es un medio –¿único? Esto queda por verse– de hacer frente con elegancia al desastre de la existencia. Este es el dandismo de Cioran: una moral de vida.

5. ¿Desde el punto de vista de los temas de reflexión y el estilo, cuál escritor podría ser comparado con Cioran?

No veo, a priori, ningún escritor contemporáneo que pueda ser comparado con Cioran. De hecho, me parece que el mejor paralelismo que se pudiera trazar sería con algunos novelistas como Albert Cossery y Jean Genet. Pienso en ellos debido a su estilo, pero mucho más por su línea independiente, que los lleva a seguir hasta el final: en el fondo, un carácter moral. Ahora bien, esta es una calidad que encontramos cada vez menos en nuestros días, en un mundo en el cual, inclusive en literatura, todo se convirtió en negocio, material de su ego. En el campo del pensamiento, las cosas están un poco de otra manera. Como es poco, incluso nada rentable, este ha sido acaparada por los universitarios. Claro está, algunos de ellos tienen muchas calidades, pero sus obras no están relacionadas con la vida, algunas veces son el opuesto, también incluso adversarias de la vida. No cabe duda que en el mundo existen auténticos “Privat Denker”, “pensadores particulares”, según la expresión de Nietzsche que la reivindica también Cioran para sí mismo, pero que no significa necesariamente que también la conocemos. Ellos son los únicos a los que podemos comparar legítimamente con Cioran, porque hacen parte de la misma familia, la de los ensayistas-poetas, como Nietszche, Leopardi, Kierkegaard, Wittgenstein o, con unas reservas, Schopenhauer. De esta categoría hace parte Cioran. En este sentido casi puedo hablar de “clarividente”…

6. ¿Considera justa la opinión de los exégetas que ven en Cioran el principal continuador de Nietzsche en el siglo XX?

Lo que precisamente dije ilustra de manera indiscutible la cercanía existente entre las actitudes de Cioran y Nietzsche –la diferencia está en que este último era mucho más filósofo en el sentido propio del término–. Nietzsche perturbó la filosofía reconstruyéndola. En su obra o en su margen está contenida la totalidad de la reflexión que siguió después de él: Foucault, seguro, pero también una parte de Wittgenstein y Heidegger en “¿Qué significa pensar?” Cioran no tiene el mismo poder como ellos. A mis ojos él es, repito, un maestro de la existencia –lo que en un sentido significa que es más, y en otro, mucho más–…

7. ¿Cuál es ahora la recepción de la obra de Cioran en Francia?

Mi posición no es la más adecuada para responder esta pregunta. Después de la aparición de mi libro, en 1997, pase a otra cosa. No me veo terminando como un “especialista en Cioran”. Es un tipo de identidad que desprecio. Luego, no he seguido la actualidad de los comentarios al respecto. No obstante, desde lo que puedo juzgar, ellos son débiles. Puede que la recepción de Cioran no haya empezado verdaderamente aún. No hace mucho leí dos o tres trabajos recientes sobre él, como sería Cahier de l’Herne y un ensayo titulado muy vulgar “Èjaculations mystiques”. Todas estas publicaciones me parecieron laboriosas, vanidosas, con enredos, débiles -esto es lo inverso, a lo que me parece, se puede y debería sacar de su obra. Sin embargo, debemos tener confianza en el futuro. Si la pregunta que plantea Cioran, es la de la existencia, obligatoriamente ella va ser leída un día en un buen nivel. Porque va ser necesario salir de la época ciega en que languidecemos ahora. Puede que para entonces, Cioran emergerá justamente como uno de los posibles recursos en perspectiva de una revolución metafísica y espiritual que regeneré a Occidente de nuestro exhausto de poder. ¡Luego esperemos!


VĂLCAN, Ciprian, Cioran, un aventurero inmóvil. Treinta entrevistas. Trad. de Miguel Ángel Gómez Mendoza. Pereira: UTP, 2019.