“Reflexiones sobre las ponencias en homenaje a Cioran” (Olga Lucía Betancourt)

Fue muy fructífero el encuentro sobre Cioran. Creo que nunca terminaremos de hablar sobre él, de elucubrar y tratar de definir lo indefinible.

Talvez hay que leerlo, sentirlo, sin intentar clasificarlo a propósito de sus temas, de sus obsesiones, sus fulgores y sus obscuridades. Era un ser complejo, pero transparente de sinceridad y hondura.

A las elucubraciones en torno al por qué resistió los embates de su “Ennui”, de su pesimismo, de su insoportable lucidez en relación con la magnitud del desastre humano, de la tragedia del hombre “civilizado”, del saberse sin una real patria en el mundo, y no se suicidó, sólo habría que imaginar que su resistencia radicaba en su vitalidad.

El cuerpo, la pasión de la sangre es antagónica (y equilibrante) a la pasión del intelecto. Y aunque él era el “summun” de la reflexión, creo que no podía escapar a la vitalidad de su cuerpo. Prueba de ello, su gusto por la bicicleta y recorrer toda Francia de esa manera (!). su pasión por caminar… Eso también significa acción. Y aunque proclamó siempre su pereza, su aparente incapacidad para afrontar la idea de la cotidianeidad, creo que sólo se refería a seguir la rutina humana: la necesidad de supervivencia a través de un trabajo, de un horario, de entrar en el movimiento de la masa. (du troupeau).

Y también, la pereza es cansancio, pero un cansancio (ennui) metafísico, el de la angustia, el que debe producir un insomnio continuo, como él lo vivió.

Igualmente, el cansancio de la absoluta lucidez… Vivir con ello y seguir escribiendo como un exorcismo, anatemizando, no la vida, sino el desperdicio que hemos hecho de ella.

También creo que lo sostuvo su lado infantil. Cuando uno conserva algo de su corazón de niño, es una coraza contra el mundo. Estamos como protegidos en un capullo que nos aísla de la verdadera desesperación. Porque ésta se lleva silenciosamente, no como un fardo, sino como una prueba más del privilegio, ya no de caer en el Tiempo, sino de dominarlo, entrando en el reino de la magnánima soledad.

Y cuando miramos esa chispa casi infantil en sus ojos, en esa sonrisa apenas insinuada, podemos comprender perfectamente, su ironía, salvaje a veces, devastadora, en sus críticas implacables sobre la sociedad que lo rodeaba.

Creo que era un ser “puro” en su naturaleza. Auténtico en su rebeldía y sincero en el aislamiento de su entorno.

Esta es mi percepción de Cioran, pero sólo intuitiva. A partir de mi corazón, de un raciocinio, sin ninguna pretensión filosófica, porque no tengo, ni los argumentos, ni el lenguaje académico que necesitaría para apoyarme.

Todo lo que se escriba sobre Cioran tiene la fantasía de lo inaccesible. No hay lenguaje para definirlo, pero sí es delicioso hablar de él. mantenerlo vivo en la exuberancia de su palabra, apropiarnos de su sombra protectora para nuestra certeza de que, en él, encontramos una especie de alma gemela que nos separa del resto de los humanos. Y esto, sin ninguna pretensión, sólo para sentir que, al pertenecer a su mismo universo, estamos menos solos y desamparados en el nuestro.

Las propuestas, parecieron bien sustentadas y con ese fervor que inspira Cioran. La exposición de Leobardo Villegas, Cioran y el Cristianismo, fue una buena lección de historia en los comienzos del cristianismo y partiendo de una frase  que tiene Cioran en sus cuadernos : “El olor de la creatura nos pone sobre la pista de una divinidad fétida”, desarrolla la idea de que no es propiamente por influencias de Nietzsche o Schopenhauer que Cioran se levanta contra la idea de la procreación y contra ese Demiurgo aciago que crea y obliga a los seres a una eterna reproducción de la especie, sino que tiene una relación con los comienzos del cristianismo y mucho más atrás en los sistemas gnósticos, en un tiempo en que esta religión era objeto de discusiones teológicas, pasando por la Apologética cristiana, según diversos autores antiguos.

La idea de la no influencia sobre Cioran, para mi es muy interesante, porque siempre lo he pensado. Abogo por la individualidad e independencia del pensamiento de Cioran. Por su poderosa capacidad de análisis a causa de su lucidez. Creo en su reflexión continua sobre el origen y el por qué de todos los arquetipos humanos.

La ponencia de Jose Luiz Alvarez, Cioran y Dostoiyevski, me parece la más humanista, si puedo utilizar el término. Aproxima con justeza a estos dos solitarios y desesperados, en su profundo análisis de la condición humana, su ironía, su humor negro para mejor hacer el retrato del mundo que los rodea, y a pesar de dos épocas tan distantes en el Tiempo, el ser humano se repite en los códigos con los que se enfrenta a su entorno y al contexto sociológico. Los gustos, las modas, hasta el lenguaje es el mismo ya sea en 1864, cuando Dostoyevski escribió las memorias del subsuelo, describiendo la sociedad de su tiempo, hasta 1964, cuando Cioran escribió su Retrato del Hombre civilizado.

 Y aunque la ponencia está enfocada en que el carácter trágico del conocimiento, su clarividencia y lucidez, llevan a un exceso de conciencia que impide adquirir la felicidad, este extenso monólogo de “El Hombre del Subsuelo”, en el que se basa la ponencia, es la misma gran reflexión de Cioran en su “Retrato del Hombre civilizado”, sobre la tragedia de la mal llamada civilización.

El tiene razón en decir que Cioran no está influenciado por Dostoyevski, sino que hubo entre ellos una gran afinidad espiritual. Es un buen aporte para no hablar de influencias, puesto que el pensamiento de un ser lúcido siempre es independiente sobre los grandes temas que tocan su sensibilidad y Cioran sufre de la misma lucidez  que Dostoyevski. Por lo tanto, se tienen que aproximar en sus críticas y en su desesperación de grandes solitarios y de alguna manera, enfermos del cuerpo.

No hay que olvidar que Dostoyevski era epiléptico y sus crisis frecuentes lo situaban en un estadio de desesperación y angustia. Cioran sufría de un insomnio, y, podría decirse, que sus crisis también lo sometían a la tortura de velar toda la noche, sobre su propia desesperación, como él mismo lo ha confesado. “El insomnio es una lucidez vertiginosa, que convertiría el paraíso en un lugar de tortura”

Tanto la epilepsia, como el insomnio son trastornos neurológicos que tienen que ver con la actividad cerebral. ¿Por qué?  Será siempre un gran interrogante en la complejidad del cerebro, y de la psicología humanas. Pero independiente de mis reflexiones, creo que fue un encuentro digno de continuar en esa línea que Liliana abrió, con sus “Encuentros Internacionales, en torno a Cioran. 

La Estrella Noviembre 26 2020.

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