Aporte de citaciones temáticas [Pt/Esp]: Tertulia con José Luis Álvarez Lopeztello | 23/04/2021

El problema del Mal: entre Escepticismo y Pesimismo (metafísico)

“¿Cómo luchar contra la desgracia? Luchando contra nosotros mismos: comprendiendo que el origen de la desgracia se encuentra en nuestro interior. Si pudiéramos darnos cuenta en cada instante de que todo depende de las imágenes que se reflejan en nuestra conciencia, de ampliaciones subjetivas y de la acuidad de nuestra sensibilidad, lograríamos alcanzar ese estado de lucidez en el que la realidad recobra sus verdaderas proporciones. No aspiramos con ello a la felicidad, sino simplemente a sufrir menos.”

“Como combater a infelicidade? Só se combatermos a nós mesmos, ao percebermos que ela não provém de fora, mas do nosso próprio interior. Se percebêssemos a cada momento que tudo é em função de uma imagem refletida em nossa consciência, de amplificações internas e da acuidade da nossa sensibilidade, chegaríamos então à lucidez em que as realidades se situam em seus contornos justos. Não se trata de atingirmos a felicidade, mas um grau menor de infelicidade.”

“Los orígenes del mal” / “As fontes do mal”, Pe culmile disperarii (1934)

“El mal nos desvela la sustancia demoníaca del tiempo; el bien, el potencial de eternidad del devenir. El mal es abandono; el bien, un cálculo inspirado. Nadie conoce la diferencia racional existente entre uno y otro. Pero todos sentimos el doloroso calor del mal y la frialdad extática del bien.
Ese dualismo transpone al mundo de los valores otro dualismo más profundo: inocencia y conocimiento.”

“O mal nos revela a substância demoníaca do tempo; o bem, o potencial de eternidade do devir. O mal é abandono, o bem, cálculo inspirado. Ninguém saberia diferencia racionalmente um do outro, mas nós sentimos todo o calor doloroso do mal e o frio extático do bem.
O seu dialismo se transpõe no mundo dos valores sob um outro, mais profundo: inocência ou conhecimento.”

Amurgul gîndurilor (1940)

“Siempre que un ser no encuentra su «acomodo» en la existencia, se encuentra en presencia del Mal. De éste deriva todo fracaso y, al ser inmanente al devenir, todos los seres tienen que luchar contra él.
 En la medida en que Dios no está acomodado en sí mismo, por esta deficiencia de su condición, participa del mal. Además, ¿no es él el Gran Fracasado?
Respecto al hombre, que anda buscando su destino desde Adán hasta hoy, se ha hecho acreedor de la dignidad en su lucha contra el mal. Su fracaso tiene algo de reconfortante y heroico: al no estar presente como ser, al no tener lugar alguno en la existencia, se ha creado una condición desde su falta de condición, de suerte que nadie puede decir todavía si el hombre es algo, nada o todo.
Todos sabemos, o sospechamos, qué es un animal o un Dios. En cualquier caso, ellos «están». Pero el hombre no está; ¿pues no es un agente de enlace entre los mundos? ¡Ay! ¡Ojalá lo fuera! Pero en el valor modal del verbo se encuentra la definición misma del Mal.
En una teología «seria», que intentara salvar de forma absoluta a Dios, el mal no encuentra una explicación válida. Las teodiceas se han revelado insuficientes frente a este obstáculo esencial.
La existencia del mal convierte al Todopoderoso en un Absoluto decrépito. El devenir ha engullido su misterio y su poder. El mal no es comparable sino con un Dios… laico.”

Quando um ser não encontra o seu assento na existência, encontra-se na presença do Mal. Deste deriva todo fracasso — e o mal sendo imanente ao devir, todos os seres devem enfrentá-lo.
À medida que Deus não está assentado em si mesmo, no que ele derroga a sua condição, ele participa do mal. De resto, não é ele o Grande Fracassado?

Amurgul gîndurilor (1940)

“Historia Universal: Historia del Mal. Quitar los desastres del devenir humano vale tanto como querer concebir la naturaleza sin estaciones. Si no habéis contribuido a una catástrofe, desaparecéis sin dejar huella. Interesamos a los otros gracias a la desgracia que sembramos en nuestro derredor. «¡Nunca hice sufrir a nadie!»: exclamación por siempre extraña a una criatura de carne y hueso. Cuando nos entusiasmamos por un personaje del presente o del pasado, nos planteamos inconscientemente la pregunta: «¿Para cuántos seres fue causa de infortunio?» ¿Quién sabe si cada uno de nosotros no aspira al privilegio de matar a todos nuestros semejantes? Pero este privilegio está repartido entre un pequeño grupo de gente y nunca por entero: esta restricción explica únicamente por qué la tierra está poblada todavía. Asesinos indirectos, constituimos una masa inerte, una multitud de objetos frente a los verdaderos sujetos del Tiempo, frente a los grandes criminales cumplidos.”

“História universal: história do Mal. Suprimir os desastres do devir humano é o mesmo que conceber a natureza sem estações. Se você não contribuiu para uma catástrofe, desaparecerá sem deixar vestígio. Interessamos aos outros pela desgraça que semeamos à nossa volta. “Nunca fiz ninguém sofrer!” – exclamação para sempre estranha a uma criatura de carne e osso. Quando nos entusiasmamos por um personagem do presente ou do passado, fazemos inconscientemente a pergunta: “Para quantos seres foi causa de infortúnio?” Quem sabe se cada um de nós não aspira ao privilégio de matar todos os nossos semelhantes? Mas este privilégio é concedido a um pequeno grupo de pessoas e nunca por inteiro: só esta restrição explica por que a Terra ainda está povoada. Assassinos indiretos, constituímos uma massa inerte, uma multidão de objetos frente aos verdadeiros sujeitos do Tempo, frente aos grandes criminosos que tiveram êxito.”

“El hastío de los conquistadores” / “O tédio dos conquistadores” (1949)

“Mientras más se exaspera el apetito de poder en los jefes espirituales, más se preocupan, no sin razón, en frenarlo en los demás. Cualquiera de nosotros, abandonado a sí mismo, ocuparía el espacio y hasta el aire y se consideraría su propietario. Una sociedad que se estimara perfecta, debería poner de moda, o hacer obligatoria, la camisa de fuerza, pues el hombre sólo se mueve para hacer el mal. Las religiones, al afanarse por curarlo de la obsesión del poder y por dar una dirección no política a sus aspiraciones, se unen a los regímenes de autoridad, ya que, como ellos, aunque con otros métodos, quieren domarlo, sojuzgar su naturaleza, su megalomanía nata. Lo que consolidó las religiones, lo que hasta ahora las hizo triunfar sobre nuestras inclinaciones, es decir, el elemento ascético, es justamente lo que ha dejado de tener poder sobre nosotros. Una liberación peligrosa tenia que ser el resultado; ingobernables bajo todos los aspectos, plenamente emancipados, desembarazados de nuestras cadenas y de nuestras supersticiones, estamos maduros para los remedios del terror.”

“Quanto mais se exaspera o apetite de poder nos chefes espirituais, mais eles se preocupam, não sem razão, em refreá-lo nos outros. Qualquer de nós, entregue a si mesmo, ocuparia o espaço, o próprio ar e se consideraria seu proprietário. Uma sociedade que se quisesse perfeita deveria colocar na moda, ou tornar obrigatória, a camisa de força, pois o homem só se move para fazer o mal. As religiões, empenhando-se em curá-lo da obsessão do poder e em dar uma direção não política a suas aspirações, igualam-se aos regimes de autoridade, já que querem, como eles, embora com outros métodos, domá-lo, subjugar sua natureza, sua megalomania inata. O que consolidou as religiões, o que até agora as fez triunfar sobre nossas inclinações, isto é, o elemento ascético, é precisamente o que deixou de ter poder sobre nós. Uma libertação perigosa deveria resultar disso; ingovernáveis sob todos os aspectos, plenamente emancipados, livres de nossas correntes e de nossas superstições, estamos maduros para os remédios do terror.”

“Escuela del tirano” / “”Escola dos tiranos” (1960)

“El conocimiento arruina el amor: a medida que penetramos en nuestros secretos detestamos a nuestros semejantes, precisamente porque se nos asemejan. Cuando ya no se tienen más ilusiones sobre uno mismo, no se tienen tampoco sobre los demás; la innombrable, que se intuye por introspección, se extiende, por una legítima generalización, al resto de los mortales, y al descubrirlos depravados en su esencia, uno no se equivoca al imputarles todos los vicios. Curiosamente, la mayoría de los mortales se revelan ineptos o renuentes a rastrear los vicios, a comprobarlos en sí mismos o en los demás. Es fácil hacer el mal: todo el mundo lo consigue; asumirlo explícitamente, reconocer su inexorable realidad es, en cambio, una insólita hazaña. En la práctica, cualquiera puede rivalizar con el diablo; en teoría no ocurre lo mismo. Cometer horrores y concebir el horror son dos actos irreductibles uno con respecto al otro: nada en común entre el cinismo vivido y el cinismo abstracto. Desconfiemos de los que se suscriben a una filosofía tranquilizadora, los que creen en el Bien y lo erigen en ídolo; no habrían llegado a eso si, inclinados honestamente sobre sí mismos, hubieran sondeado sus profundidades o sus miasmas: pero aquellos pocos que tuvieron la indiscreción o la desgracia de sumergirse hasta las profundidades de su ser, saben a qué atenerse con respecto al hombre: no podrán ya amarlo, pues no se aman más a sí mismos, aunque están, a la vez ‑y ése es su castigo‑, más apegados a su yo que antes…”

“O conhecimento arruína o amor: à medida que desvendamos nossos próprios segredos, detestamos nossos semelhantes precisamente porque se assemelham a nós. Quando já não se tem ilusões sobre si mesmo, também não se tem sobre os outros; o inominável, que se descobre por introspecção, estende-se, por uma generalização legítima, ao resto dos mortais; depravados em sua essência, não nos equivocamos ao atribuir-lhes todos os vícios. Curiosamente, a maioria dos mortais se revelam inaptos ou renitentes a detectar os vícios, a constatá-los em si mesmos ou nos outros. É fácil fazer o mal: todo mundo o consegue; assumi-lo explicitamente, reconhecer sua inexorável realidade é, por outro lado, uma proeza insólita. Na prática, qualquer um pode rivalizar com o diabo; na teoria não ocorre o mesmo. Cometer horrores e conceber o horror são dois atos irredutíveis um ao outro: não há nada em comum entre o cinismo vivido e o cinismo abstrato. Desconfiemos dos que aderem a uma filosofia tranquilizadora, dos que creem no Bem e o erigem em ídolo; não teriam chegado a isso se, debruçados honestamente sobre si mesmos, tivessem sondado suas profundezas ou seus miasmas; mas aqueles poucos que tiveram a indiscrição ou a infelicidade de mergulhar até as profundidades de seu ser, conhecem bem o que é o homem: não poderão mais amá-lo, pois não amam mais a si próprios, embora continuem – e esse é seu castigo – mais apegados a seu eu do que antes…”

“Odisea del rencor” / “Odisseia do rancor” (1960)

“Con excepción de algunos casos aberrantes, el hombre no se inclina hacia el bien: ¿qué dios le impulsaría a ello? Debe vencerse, hacerse violencia, para poder ejecutar el menor acto no manchado de mal. Cada vez que lo logra, provoca y humilla a su creador. Y si le acaece el ser bueno no por esfuerzo o cálculo, sino por naturaleza, lo debe a una inadvertencia de lo alto: se sitúa fuera del orden universal, no está previsto en ningún plan divino. No hay modo de ver qué lugar ocupa entre los seres, ni siquiera si es uno de ellos. ¿Será acaso un fantasma?
El bien es lo que fue o será, pero lo que nunca es. Parásito del recuerdo o del presentimiento, periclitado o posible, no podría ser actual ni subsistir por sí mismo: en tanto que es, la conciencia le ignora y no lo capta más que cuando desaparece. Todo prueba su insustancialidad; es una gran fuerza irreal, es el principio que ha abortado desde un comienzo: desfallecimiento, quiebra inmemorial, cuyos efectos se acusan a medida que la historia transcurre. En los comienzos, en esa promiscuidad en que se opera el deslizamiento hacia la vida, algo innombrable debió pasar, que se prolonga en nuestros malestares, si no en nuestros razonamientos. Que la existencia haya sido viciada en su origen, ella y los elementos mismos, es algo que no se puede impedir uno suponer. Quien no haya sido llevado a afrontar esta hipótesis al menos una vez por día habrá vivido como un sonámbulo.”

Le mauvais démiurge (1969)

“Como el mal preside todo lo que es corruptible, que es tanto como decir todo lo que está vivo, es una tentativa ridícula intentar demostrar que encierra menos ser que el bien, o incluso que no contiene ninguno. Los que lo asimilan a la nada se imaginan salvar así al pobre dios bueno: No se le salva más que si se tiene el valor de separar su causa de la del demiurgo. Por haberse rehusado a ello, el cristianismo debía, durante toda su carrera, esforzarse en imponer la inevidencia de un creador misericordioso: empresa desesperada que ha agotado al cristianismo y comprometido al dios que quería preservar.
 No podemos impedirnos pensar que la creación, que se ha quedado en estado de bosquejo, no podía ser acabada ni merecía serlo, y que es en su conjunto una falta, y la famosa fechoría, cometida por el hombre, aparece así como una versión menor de una fechoría mucho más grave. ¿De qué somos culpables, sino de haber seguido, más o menos servilmente, el ejemplo del creador? La fatalidad que fue suya, la reconocemos sin duda en nosotros: por algo hemos salido de las manos de un dios desdichado y malo, de un dios maldito.”

Le mauvais démiurge (1969)

“El creador es el absoluto del hombre exterior; el hombre interior, en revancha, considera la creación como un detalle molesto, como un episodio inútil, entiéndase nefasto. Toda experiencia religiosa profunda comienza donde acaba el reino del demiurgo. No tiene nada que hacer con él, lo denuncia, es su negación. En tanto que él nos obsesiona, él y el mundo, no hay medio de escapar de uno y de otro, para, en un ímpetu de aniquilamiento, alcanzar lo no creado y disolvernos en ello.”

Le mauvais démiurge (1969)

“Tímido, desprovisto de dinamismo, el bien es incapaz de comunicarse; el mal, atareado muy por el contrario, quiere transmitirse y lo logra, puesto que posee el doble privilegio de ser fascinante y contagioso. De este modo, se ve más fácilmente extenderse y salir de sí a un dios malo que a uno bueno.
Esta incapacidad de permanecer en sí mismo, de la que el creador debía hacer una demostración tan irritante, la hemos heredado todos: engendrar es continuar de otra forma y a otra escala la empresa que lleva su nombre, es añadir algo a su «creación» por un deplorable remedo. Sin el impulso que él ha dado, el deseo de alargar la cadena de los seres no existiría, ni tampoco esa necesidad de suscribirse a los tejemanejes de la carne. Todo alumbramiento es sospechoso; los ángeles, felizmente, son incapaces de ello, pues la propagación de la vida está reservada a los caídos. La lepra es impaciente y ávida, gusta de expandirse. Es importante desaconsejar la generación, pues el temor de ver a la humanidad extinguirse no tiene fundamento alguno: pase lo que pase, por todas partes habrá los suficientes necios que no pedirán más que perpetuarse y, si incluso ellos acabasen por zafarse, siempre se encontrará, para sacrificarse, alguna pareja espeluznante.”

Le mauvais démiurge (1969)

“Sólo está maduro para la liberación aquel a quien oprime la universalidad del tormento. Buscar liberarse, sin la conciencia de ese tormento, es imposibilidad o vicio. No hay liberación gratuita; hay que liberarse de algo, en este caso de la omnipresencia de lo intolerable ‑que se experimenta tanto en la hipótesis del ser como del no ser, puesto que cosas y apariencias de cosas hacen sufrir lo mismo. Pero la hipótesis de la vacuidad presenta, pese a todo, una ventaja: arroja una luz más clara sobre la desmesura del tormento, sobre las proporciones que toma y la inanidad de la causa que le provoca. Siempre se tortura uno demasiado, ya sea este mundo real o irreal. La mayoría, es cierto, ignoran hasta qué punto sufren. El privilegio de la conciencia es despertarse ante lo atroz, percibir la ilusión lancinante de la que son presa los seres.”

Le mauvais démiurge (1969)

“Según el Bhagavad‑Gita, está perdido para este mundo y para el otro quien se «entregue a la duda», esa misma duda que el budismo, por su lado, cita entre los cinco obstáculos para la salvación. Y es que la duda no es un profundizamiento, sino un estancamiento, vértigo del estancamiento… Con ella, es imposible ponerse en camino y llegar a la meta; es rumia y nada más. Cuando se cree uno más alejado, vuelve a caer en ella y todo comienza de nuevo. Es preciso que explote para que pueda uno internarse en la vida de la emancipación. Sin ese estallido, que debe pulverizar hasta las razones más legítimas de dudar, se eterniza uno en el malestar, se lo cultiva, se evitan las grandes resoluciones, se roe uno y se complace en roerse.”

Le mauvais démiurge (1969)

“Estamos todos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro.”

Le mauvais démiurge (1969)

“El problema del mal sólo perturba verdaderamente a algunos delicados, a algunos escépticos indignados por la manera que tiene el creyente de acomodarse a él o de escamotearlo. Es, pues, a ellos en primer lugar a quienes son destinadas las teodiceas, tentativas de humanizar a Dios, acrobacias desesperadas que fracasan y se desprestigian sobre el terreno, al ser constantemente desmentidas por la experiencia por más que lo intentan, éstas no logran persuadirles de que la Providencia es justa; ellos la declaran sospechosa, la incriminan y le piden cuentas en nombre de la evidencia del mal, evidencia que un Maistre intentará negar. «Todo está mal», nos dice; sin embargo, el mal–se apresura a añadir– se reduce a una fuerza «puramente negativa» que no tiene nada en «común con la existencia», a un «cisma del ser», a un accidente. Otros, por el contrario, pensarán que el mal, tan constitutivo del ser y tan verdadero como el bien, es algo natural, un ingrediente esencial de la existencia y en absoluto un fenómeno accesorio, y que los problemas que plantea se vuelven insolubles en cuanto nos negamos a introducirlo, a integrarlo en la composición de la sustancia divina. Igual que la enfermedad no es la ausencia de salud sino una realidad tan objetiva y duradera como ella, así el mal posee el mismo valor que el bien, al que incluso supera en indestructibilidad y plenitud. Un principio positivo y un principio negativo coexisten y se amalgaman en Dios, como coexisten y se amalgaman en el mundo. La idea de la culpabilidad de Dios no es una idea gratuita, sino necesaria y perfectamente compatible con la de su omnipotencia: sólo ella confiere cierta inteligibilidad al desarrollo histórico y nos permite comprender todo lo que posee de monstruoso, de insensato, de irrisorio. Atribuirle pureza y bondad al autor del devenir es renunciar a comprender la mayoría de los acontecimientos y en particular el más importante de todos: la Creación. Dios no podía evitar la influencia del mal, motor de los actos, agente indispensable para cualquiera; harto de reposar en sí mismo, aspira a salir fuera para manifestarse y envilecerse en el tiempo. Si el mal, secreto de nuestro dinamismo, desapareciera de nuestra vida, vegetaríamos en la perfección monótona del bien, el cual, a juzgar por el Génesis, exasperaba incluso al Ser Supremo. El combate entre los principios positivo y negativo se libra en todos los niveles de la existencia, incluida la eternidad. Todos nos hallamos inmersos en la aventura de la Creación, proeza temible sin «fines morales» y quizá sin significado; y a pesar de que Dios sea el responsable de la idea y de la iniciativa, no podríamos reprochárselo, dado el gran prestigio de que goza ante nosotros, prestigio de primer culpable. Haciéndonos cómplices suyos, nos ha asociado a este inmenso movimiento de solidaridad en el mal que sostiene y consolida la confusión universal.”

O problema do mal só perturba realmente alguns delicados, alguns céticos, revoltados pela maneira como o crente se conforma com ele ou o escamoteia. É para esses então que, em primeiro lugar, se dirigem as teodiceias, tentativas de humanizar Deus, acrobacias desesperadas que fracassam e se comprometem no seu próprio terreno, desmentidas a cada instante pela experiência. Embora procurem convencê-los de que a Providência é justa, não o conseguem. Eles a declaram suspeita, a incriminam e lhe pedem explicações em nome de uma evidência, a do mal, evidência que um Maistre tentará negar. “Tudo é mal”, ensinava. O mal, no entanto, apressa-se em acrescentar, restringe-se a uma força “puramente negativa” que não tem nada “em comum com a existência”, a um “cisma do ser”, a um acidente. Outros, ao contrário, pensarão que tão constitutivo do ser quanto o bem, e igualmente verdadeiro, ele é natureza, ingrediente essencial da existência e de modo algum fenômeno acessório, e que os problemas que suscita se tornam insolúveis se nos recusamos a inseri-lo, a situá-lo na composição da substância divina. Assim, como a doença não é uma ausência de saúde mas uma realidade tão positiva e tão durável quanto a saúde, da mesma forma o mal equivale ao bem, ultrapassa-o até em indestrutibilidade e plenitude. Um princípio bom e um princípio mau coexistem e se misturam em Deus, como coexistem e se misturam no mundo. A ideia da culpabilidade de Deus não é uma ideia gratuita, mas necessária e perfeitamente compatível com a de sua onipotência: só ela confere alguma inteligibilidade ao desenvolvimento histórico, a tudo o que ele contém de monstruoso, de insensato e de insignificante. Atribuir ao autor do devir a pureza e a bondade é desistir de compreender a maior parte dos acontecimentos e principalmente o mais importante: a Criação. Deus não podia esquivar-se da influência do mal, mola dos atos, agente indispensável para todo aquele que, cansado de repousar em si, aspira a sair de si mesmo para expandir-se e degradar-se no tempo. Segredo do nosso dinamismo, o mal se retiraria de nossa vida se vegetássemos nesta perfeição monótona do bem que, de acordo com o Gênesis, excedia o próprio Ser. O combate entre os dois princípios, bom e mau, trava-se em todos os níveis da existência, inclusive na eternidade. Estamos mergulhados na aventura da Criação, proeza das mais temíveis, sem “fins morais”, e talvez sem significação. E, embora a ideia e a iniciativa pertençam a Deus, não lhe poderíamos guardar rancor, tão grande é, aos nossos olhos, o seu prestígio de primeiro culpado. Tornando-nos seus cúmplices, associou-nos a este imenso movimento de solidariedade com o mal, que sustenta e assegura a confusão universal.

“Ensayo sobre el pensamiento reaccionario” / “Ensaio sobre o pensamento reacionário” (1986)

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