Con Ciorán, en París: Alina Diaconú

La Nación, domingo, 27 de noviembre de 1985

Sobre su experiencia en París durante la guerra: “En esas épocas yo no tenía dinero, no podía ir a hoteles, pero sí a los alberges para jóvenes, desde albergues comunistas hasta albergues católicos. Pude conocer así el espíritu de los franceses. Supe así de una manera absoluta que los franceses no pelearían en 1940, porque conocía su mentalidad. Yo sostenía que no iban a pelear porque estaban hartos, cansados de la historia, de todas esas glorias. Todos me decían que eso era ridículo, imposible, pero yo estaba seguro porque conocía su desánimo”.

Sobre la guerra:

Usted dijo que el hombre es el cáncer de la naturaleza. “Exactamente. No quiero hablar de la bomba atómica, no porque no exista, es una realidad, sino porque tengo horror de hablar de este tema en la medida en que todo el mundo habla de él. Pero es lógico que la bomba atómica exista, ya que el hombre no hace más que destruirse a sí mismo desde que existe y ahora encontró la manera precisa de hacerlo. Por lo tanto la bomba atómica es el resultado lógico no de la ciencia, sino del destino del hombre, es la coronación del hombre. No un accidente. Con la bomba, el hombre ¿encontró lo que necesitaba”?

¿Es usted pacifista? “Sí, soy pacifista… si la paz fuera posible. Pero más que pacifista, soy desertor por naturaleza. No me veo en ningún ejército”.

me interesaba saber qué piensa usted de la lucha de la mujer por su liberación… “Creo que hay un cansancio del varón. Eso tiene un sentido profundo, no es sólo una consecuencia de algo. Pienso que el varón ya no cree en sí mismo, porque de lo contrario la mujer no hubiera podido jugar este papel extraordinario que está jugando.

¿No es un éxito de las mujeres sino un fracaso de los hombres? “Todo éxito en la vida es a expensas de alguien”.

¿No cree que el mundo va a cambiar a través del avance de la mujer? “No. No va a ser mejor. Yo no soy creyente, pro en un sentido filosófico creo en el pecado original… no en el sentido oficial y cristiano. El hombre estaba viciado desde el comienzo. Estaba condenado desde su origen y contra eso no hay nada que hacer. Es por eso que se destruye a sí mismo”.

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