Ensaio de herejía existencial, “Obsesión de lo Esencial”, Cioran en la Universidad y otros temas – José Luis Álvarez LOPEZTELLO

En lo concerniente a la relación entre herejía y escepticismo: ¿es el escéptico un hereje? Para mí, la respuesta no puede ser más que afirmativa. El descreído es, a su manera, un heterodoxo. Su herejía se deja ver en la medida en que no inclina su cerviz ante los valores corrientemente aceptados, sino que además les saca la lengua. Por ello, en mi opinión, herejía y escepticismo van a la par. Para Cioran, el mayor mérito de los escépticos clásicos fue el viraje que dieron de una filosofía preocupada por la verdad, hacia una ocupada en el sentido existencial. “«¿Qué es la verdad?» es una pregunta fundamental, pero que no es nada al lado de: «¿Cómo soportar la vida?». Y este último interrogante también palidece junto a este otro: «¿Cómo soportarse uno mismo?» Ésa es la pregunta capital a la que nadie está en condiciones de dar una respuesta”. (Cioran, Desgarradura) De lo expuesto por el pensador apátrida se deduce que las filosofías y las teorías del conocimiento que no comprometen su propia existencia sólo son gimnasias intelectuales.

José Luis Álvarez Lopeztello, Cioran: ensayo de herejía existencial. Tesis de doctorado en filosofía, Universidad Autónoma del Estado de México, 2021.


“Sólo prosperan en filosofía los que se detienen a propósito; los que aceptan la limitación y el confort de un estadio razonable de inquietud. Todo problema, si se toca el fondo, lleva a la bancarrota y deja el intelecto al descubierto: no hay ya ni preguntas ni respuestas en un espacio sin horizontes. Las interrogaciones se vuelven contra el espíritu que las concibió: se convierte en víctima suya. Todo le es hostil: su propia soledad, su propia audacia, el absoluto opaco, los dioses inverificables y la nada manifiesta: ¡Malhaya quien, llegado a un cierto momento de lo esencial, no hace alto! La historia muestra que los pensadores que subieron hasta el final por la escala de las preguntas, que pusieron el pie en el último escalón, el del absurdo, no han legado a la posteridad más que un ejemplo de esterilidad, mientras que sus colegas, que se pararon a medio camino, han fecundado el curso del espíritu; han servido a sus semejantes, les han transmitido algún ídolo bien trabajado, algunas supersticiones corteses, algunos errores disfrazados de principios y un sistema de esperanzas. La historia muestra que los pensadores que subieron hasta el final por la escala de las preguntas, que pusieron el pie en el último escalón, el del absurdo, no han legado a la posteridad más que un ejemplo de esterilidad, mientras que sus colegas, que se pararon a medio camino, han fecundado el curso del espíritu; han servido a sus semejantes, les han transmitido algún ídolo bien trabajado, algunas supersticiones corteses, algunos errores disfrazados de principios y un sistema de esperanzas. Si hubieran abrazado los peligros de un progreso excesivo, ese desdén de los errores caritativos les hubiera vuelto nocivos para los otros y para sí mismos; hubieran escrito su nombre en los confines del universo y del pensamiento, investigadores malsanos y réprobos áridos, gustadores de vértigos infructuosos, buscadores de sueños que no es lícito soñar…”

CIORAN, “Obsesión de lo Esencial”, Breviario de podredumbre (1949)

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