“Max Stirner: El Único, el conocimiento de sí mismo como su propia causa y la rebelión del silencio” – María Cristina López Bolívar | UTP 🇨🇴

En la aldea, en la colonia, en el barrio, en nuestras calles latinas. En la universidad, en el bar, en la cafetería. En nuestro territorio andino. En las Américas, en Europa, en Oceanía, en Asia o África. Cabeza de filósofo/a es cabeza de filósofo/a, da igual el lugar del mundo que utilice para nacer, germinar, cultivarse y potenciarse.

Esta idea no es mía, tampoco de quien la lee. Esta idea, determinada por la reducción de los hechos a los conceptos que plantea el lenguaje, apareció en la obra huérfana y atractivamente sediciosa: El único y su propiedad de Max Stirner.

La obra de Stirner no es voluminosa: apenas unos artículos, algunos ensayos y traducciones, un libro, varias cartas a Feuerbach y sus pares, completan el corpus intelectual de este nombre. Digo nombre y no hombre porque Stirner no obedece a un hombre. De manera performática Johann Kaspar Schmidt demuestra lo que con potencia brilla en la obra de Stirner como un argumento guía: “los nombres no me nombran”.

Este filósofo plantea un desafío a quien quiera leerle: el silencio. No un silencio método-lógico sino reflexivo. Es decir, el silencio de los miles de prejuicios, conceptos y palabras que anidan en el pensamiento sin ser nuestros.

Solo desde ese silencio y acallamiento de lo que pensamos somos, puede irse a escuchar, entender y sentir lo indecible en Stirner como gesto de la rebelión del silencio ante la filosofía formal, vacía, sin el ser, sin la nada. El silencio de Él, el Único…Schmidt, Stirner, Edward que vivifica su propia causa ¿cuál causa? Esta conferencia intentará explicarlo.

María Cristina López Bolívar
Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), Colombia

“Toda idea nueva, avanzada para su época, siempre está en minoría desde el comienzo a raíz de estos hechos. Tan escasos son los cerebros lo bastante abiertos como para adoptarla y defenderla”

Flor O’Squarr

“Haría falta acercar la oreja para notar el silencio tetanizado de las mentes racionales que ya no comprenden nada, el de los angustiados que se roen las uñas y el tono de falsa serenidad en las exclamaciones intermitentes de los que juegan a las cartas, esperando. Interiormente, muchísima gente ha elegido saltar del tren, pero se mantiene en los estribos. Sigue estando apresada  por muchas cosas. Se siente apresada porque así lo ha elegido, pero la decisión es lo que falta. Pues la decisión es lo que traza en el presente el modo y la posibilidad de actuar, de dar un salto que no sea al vacío. Esta decisión es la de desertar -(“quien va al desierto no es un desertor, es un resistente”)-, la de salir de las filas, la de organizarse, la de hacer secesión, incluso si es de modo imperceptible, pero, en todos los casos, AHORA”.

Comité Invisible

Stirner: el innombrable

 La crítica al Estado como institución que subordina y aniquila las voluntades individuales que aparece en el escrito más sobresaliente del profesor de Berlín, será la columna vertebral del anarquismo individualista. Por otra parte, la relevancia de  “Nada” como terreno teórico donde el hombre único germina como su propia auto-creación, es el argumento originario del nihilismo en sus concepciones filosófica, cultural y práctica. La obra más importante de Stirner es considerada también como un ensayo lógico-metafísico que se opone al “espíritu absoluto hegeliano” al considerarlo responsable y hacedor de la servidumbre del hombre moderno a un idealismo filosófico. Tal oposición aparece a lo largo del escrito, de la mano de una actitud anti intelectual característica del tono irónico y sedicioso del autor. Por otra parte, el poder de apropiarse de todo aquello de lo que el hombre sea capaz, aún si es un crimen ante el “derecho otorgado”, es el trasfondo teórico de tendencias como el ilegalismo francés y del conocido “derecho al robo” que practicaron algunos individuos en Italia a principios del siglo XX. 

La piedra angular del existencialismo de Sartre y de Kierkegaard es la apropiación de la existencia a todos los grados, como lo indica Stirner en el capítulo titulado “Mi propiedad. Mi individualidad”. Y cómo no, la sombra negada tras la filosofía de Nietzsche, es “El único” al punto que podemos reconocer al sobre-hombre como un personaje filosófico análogo al egoísta de Max Stirner.

¿Quién era Johann Kaspar Schmidt?

G. Edward y Max Stirner de “stin” frontudo en alemán por el tamaño considerable de su frente, fueron los seudónimos utilizados por quien en Bayreuth, Baviera el 25 de octubre de 1806 al nacer sería llamado Johann Kaspar Schmidt. Su padre Albert Christian Heinrich Schmidt (1769-1807) fabricante de flautas, fallecería por tuberculosis dejándole al cuidado de su madre Sophia Elenora Reinlein (1778-1839) a la tierna edad de 6 meses, ambos progenitores de religión luterana.

A la edad de 20 años inició estudios de filosofía, teología y filología en Berlín periodo en el que Hegel y Schleiermacher dictaban clase en la universidad de la ciudad. En 1829 suspende sus estudios y viaja por Alemania. Al año siguiente, regresa a Kulm para cuidar a su madre que padecía de una grave afección. Retornará a Berlín dos años más tarde con su progenitora para finalizar sus estudios académicos en 1834.

En 1837 su madre será internada en el Hospital de caridad de Berlín. Ese mismo año Schmidt se casa con Agnes Klara Kunigunde Butz quien morirá al año siguiente dando a luz al hijo de ambos, quién también moriría durante el parto.

En 1839 muere su madre. Sin embargo, y luego de tantas tragedias, parecía que las circunstancias cambiaban un poco para Schmidt quien ingresó como educador en el “colegio para señoritas” de la ciudad, empezando también a frecuentar por aquel momento el “Café Stehely” y “Hippel’s Weinstube”, lugares visitados por la élite intelectual y bohemia de la capital alemana del siglo XIX. De este tiempo empieza a acudir al círculo de “los libres” Se dice que en sus reuniones era común ver a Bruno Bauer, Feuerbach, Marx y Engels, personajes con los que Stirner tendría un vínculo intelectual muy fuerte, más por sus constantes –desde el silencio- confrontaciones que por sus acuerdos argumentativos.

El 26 de junio de 1856, luego de haber estado por cortos periodos en la cárcel por deudas, de vivir en las condiciones más desfavorecedoras y difíciles, subsistiendo de la caridad de su casera, muere a consecuencia de un virus que le produce el piquete de un mosquito.

Origen

En 1841, con 35 años de edad, Schmidt se inserta en el mundo editorial publicando diversos artículos de opinión firmados como Max Stirner, como será conocido en el ámbito literario. Al año siguiente, los clientes más célebres de Hippel se dividirían en dos tendencias que marcarían las diferencias irreconciliables entre ellos. Por una parte se encontraban los que querían sobreponerse a Hegel, no desconociéndolo, pero sí alejándose un poco de sus reflexiones reaccionarias que apelaban a la necesidad del dominio del Estado, para sostener, por el contrario, que tal necesidad sólo puede ser comprendida como una etapa de transición de la historia de la humanidad que desembocaría en un inevitable socialismo, y que fueron conocidos como Linkshegelianero la izquierda hegeliana. En este grupo estaban Marx, Engels, Bauer,  Rouge y Hess. Por otra parte, estaban “los libres”; Feuerbach el más sobresaliente de ellos y claro, Stirner, que enfatizaban en la necesidad de la insurrección de las conciencias individuales para una rebelión colectiva, a partir de la crítica antiautoritaria al Estado como institución perjudicial y completamente innecesaria para el desarrollo de los hombres. Esta postura heterodoxa, que, por otra parte, se rebelaba contra el pensamiento absoluto y metafísico de Hegel, sin duda marcaría el carácter ominoso de los escritos posteriores de Stirner.

El único: crítica al nominalismo

¿Cómo nombramos y por qué nombramos todo lo que confluye en el mundo? La pregunta se origina en la argumentación stirneriana contra el nominalismo propio de la cultura occidental(teoría que surge en la Edad Media y que contrario al realismo platónico, designa que lo  universalizable stricto sensu es la voz, el nombre de la cosa y no la cosa misma. Al respecto véase Luis Dumount Ensayos sobre el individualismo. 1987 pp 73-115) que determina, según el nombre, las concepciones que como individuos tenemos de la naturaleza, del otro e incluso de nosotros/as mismos/as.

Las versiones nominales más urgentes en profanar para potenciar la individualidad: Socialismo, trabajador y ciudadano

En el capítulo “Los libertados” de El único y su propiedad, presenta Stirner que el problema de la filosofía y sus distintas bifurcaciones filosófico-políticas en la modernidad, radica en que todas y cada una de estas conciben al hombre como totalidad, es decir, como entidad que puede delimitarse conceptualmente en categorías como la de Ciudadano, que ofrece el liberalismo político, Trabajador, entendido a partir del liberalismo social, y Hombre, por el liberalismo humanitario. En este sentido, el hombre finito y concreto es quien se reduce a categorías a priori del conocimiento filosófico, al quedar limitado a una comprensión de sí como totalidad abstracta donde están excluidas las particularidades propias del hombre que trasgreden los límites del pensamiento.

Pero el problema no es solo lingüístico. Stirner señala que en tanto Ciudadano al hombre se le despoja de su capacidad de mando, y como Trabajador se le arrebata su facultad de poseer, limitantes que niegan la posibilidad al hombre concreto de conocerse y desarrollar capacidades que tiene y que no conoce como Ciudadano ni como Trabajador. “Tal Es el segundo robo hecho a la “personalidad” en provecho de la “humanidad”. No se deja al individuo ni el derecho de mandar ni el derecho de poseer: el Estado toma el uno, la sociedad toma lo otro” (Stirner, 2003, 159).

El Único…

invita: a contestar con rigor las preguntas que surgen de nuestras propias carnes y desgarramientos más íntimos.

– reclama: la existencia como un fenómeno individual para que esta no sea enteramente sometida a determinaciones colectivas. Es necesario apropiarse la existencia para sí,  gozarla acorde a sí.

-defiende: una existencia en la que el protagonista sea el individuo tiene como consecuencia en este autor la agonía de las organizaciones jerárquicas, absolutas e inmutables. Esta agonía se debe a que la persona renuncia a dichas organizaciones consciente de las estructuras que prevalecen jerárquicamente a condición de su idolatría, para poder favorecer la conquista y la apropiación de su vida.

– se apropia:  de todo aquello que le sea necesario para superarse y ser. Lo político se asume desde este individuo como el lugar para revelarse contra aquello que lo subordina y, en consecuencia, realizar sus propios intereses y no para realizar ideales ilustrados o republicanos.

– critica: el humanismo como una presunción de desinterés del hombre por sí mismo en favor de reproducir todo lo que puede considerarse humano.

– expone: el desinterés como una cualidad o atributo que, por convención o por aceptación general, se ha tratado como lo humano o lo inherente a la comunidad humana.   -Asume: El interés como “mi propia causa”.

– le gusta: el anárquico caos de la nada creadora.

“¿Quién soy?” El único

Hablar de personas concretas y no de palabras vacías es una actitud anti-metafísica e irónica de quien se ríe a la cara de la filosofía especulativa, de la política, de la teología. La rebelión del único es saber  que hay una diferencia entre lo que se dice  y lo que se quiere decir. Las personas dicen palabras, conceptos, pensamientos. Las personas nombran y expresan de manera universal y determinada aquello que no se puede determinar, que no se puede definir. El Único es la otra versión del lenguaje, aquella que le tiene aversión a las palabras abstractas, a la reducción de quienes somos a lo que las categorías nos dicen “debemos ser” (humano, ciudadano, trabajador).

El único: un nombre sin determinación que apunta a un contenido fuera o más acá del concepto “¿es que tú puedes definirte a ti? ¿acaso tú eres un concepto?” –Stirner-

Si nos definimos, si “me” defino, la definición excluye la unicidad. La unicidad solo tiene el contenido que intenta nombrar: el tuyo propio, el mío propio. El contenido del único no es un pensamiento, de aquí que yo Única, tu Único sea impensable e indecible (solo querer decir).

Con El único, Stirner intenta hacerle a la forma conceptual lo que ella hace con la unicidad: Acabarla.

”Nada é a causa de Deus e da humanidade, nada a não ser eles próprios. Do mesmo modo, Eu sou minha causa, eu que, como Deus, sou o nada de todo o resto, eu que sou o meu tudo, eu que sou o único. (..) O divino é a causa de Deus, o humano (…)Minha causa não é nem divino nem humano, não é o verdadeiro, o bom, o justo, o livre, etc, mas exclusivamente o que é meu. E esta não é uma causa universal, mas sim… única, tal como eu. Para mim, nada está acima de mim!” -2009-

STIRNER

“Dios y la humanidad no han basado su causa sobre nada, sobre nada más que sobre sí mismos. Yo basaré mi causa sobre mí; soy como Dios la negación de todo lo demás, soy para mí todo, soy el único. Lo divino mira a Dios, lo humano mira al hombre. Mi causa no es divina ni humana, no es lo verdadero, lo bueno, lo justo, lo libre, es lo mío. No es lo universal sino única, como yo soy único.Nada está, para mí, por encima de mí” -2003-

STIRNER

La versión más  anti-único: El humanismo

La reflexión filosófica que tiene como su principio y su fin al Hombre como sujeto que ama, piensa y es libre es a lo que llama nuestro autor “humano” o “humanitario”:

“En la sociedad humana que nos promete el humanitario, no hay evidentemente sitio para lo que tú y yo tenemos de particular”, y nada puede entrar en cuenta que lleve el sello de “asunto privado”. Así se completa el ciclo del liberalismo; su buen principio es el Hombre y la libertad humana, y su mal principio es el egoísta y todo lo que es privado, allí está su dios, aquí su diablo.

Habiendo perdido la persona particular todo valor en el “Estado” (nada de privilegios), y habiendo sido la propiedad particular o privada despojada de su legitimidad por la “Sociedad de los trabajadores”, viene la sociedad “humana”, que echa a un lado indistintamente todo lo particular o lo privado. (…)

Ni el Estado ni la sociedad satisfacen al liberal humanitario; así los niega a los dos, a reserva de conservarlos a los dos. En realidad, la Sociedad humanitaria es a la vez Estado universal y Sociedad universal; sólo al Estado limitado es al que se reprocha hacer demasiado caso de los intereses privados espirituales (convicciones religiosas de la gente, por ejemplo), y a la Sociedad limitada, atender con exceso los intereses privados materiales. Los dos deben entregar a los particulares el cuidado de los intereses privados y, convirtiéndose en Sociedad humana, inquietarse únicamente por los intereses humanos generales” (Stirner, 2003, 168).

El conocimiento de sí

 “El día en que el hombre haga cuestión honor el sentirse o el conocerse a sí mismo, de actuar por sí mismo, con toda autonomía, con toda conciencia de sí mismo, con plena libertad, ese día cesará de ser para sí mismo un objeto extraño e impensable tenderá a disipar la ignorancia que limita e impide su pleno conocimiento de sí mismo” (sic)

STIRNER

Iconoclasia y rebelión

La iconoclasia stirneriana tiene que ver con el poder que se tiene para liberarse y levantarse por encima de aquello que nos es dado, para trasegar por caminos que son propios y que están construyéndose en la medida en que se ejerce tal liberación y, mi yo se emancipa en cuanto la rebelión se ejerce como iconoclasia y no en cuanto aspiración.

En el apéndice titulado mi poder que aparece en su obra capital, Stirner defendió que el mismo poder era real e individual nunca otorgado por un tercero o amparado bajo la legalidad, pues el poder no tiene que ver como se ha querido presentar desde el Estado-nación ligado a la institución, sino como una facultad, capacidad y atributo innato del yo.

La fuerza es el ímpetu del poder. Solo un Único auténtico e iconoclasta no le tiene miedo a su fuerza y por el contrario la potencia. El hombre conquista, se apropia y consigue lo que necesita para vivir no gracias a un tercero, sino por su fuerza como capacidad de apropiación y de articularse con otrxs a partir de ella.

El silencio como acto de rebelión ante el nominalismo y el universalismo.

Únicamente los intelectuales frívolos imaginan que los libros preceden a lo real y que el texto anuncia el mundo.

M. ONFRAY

Ante el lenguaje, el dogmatismo de la mirada, la insolencia de la razón y la determinación de aquel que busca reafirmar su certeza, hay que sostenerse en la afasia, en el silencio ante la sentencia de que todo lo que se diga no será escuchado sino prejuiciado y enjuiciado.

Quizá el silencio pueda anunciar que el único no se agota en ninguna definición.

La unicidad como lo propio a mi vida no se puede dar de otra manera que no sea en términos de diferencia. Por ello las relaciones tienen su origen en el interés que me despiertan las diferencias de lxs otrxs, tan únicas como sus mundos. ¿Para qué abrazar a otrx? No para pujar por cualidades iguales y reconocibles en ambos, sino a causa de tal interés que su unicidad me despierta y consigue atraerme.

El silencio, la unicidad, la contemplación de una vida sin adjetivos, sin dogmas, sin instituciones es todo un acto de rebelión de quien asume el arrojo de ser si mismx, de conocerse a sí mismx dejando de autoexplotarse, de subordinarse y  de limitarse.

En un mundo cargado de sentido, cargado de palabras formales, quizá el acto más autentico sea llenar de un contenido inédito ese silencio que anuncia la unicidad del indecible –el único-. 

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