“Kafka y el problema de la verdad” – Ciprian VĂLCAN

Reflexiones Marginales, 30 noviembre 2021 (trad. de Miguel Angel Gomez Mendoza)

Resumen: Según Kafka, el gran peligro que acecha a los hombres es la caída en el error, la aceptación pasiva de la opacidad del mundo. Se enfrentan a un doble obstáculo: primero, deben ir más allá del escudo protector de la ilusión que ampara la conformación del mundo; segundo, interviene un mecanismo voluntario de ocultamiento mediante el cual los individuos sienten la necesidad de protegerse del conocimiento de los otros. Mucho más peligroso que la impotencia de alcanzar la verdad, es el ocultamiento de la verdad, porque, si el hombre es consciente de no haber alcanzado el fin, continuará haciendo esfuerzos para acercarse a su meta inicial, mientras que, si tiene la ilusión que ha descifrado el misterio, se detendrá antes de partir a la verdadera batalla.

Palabras clave: Kafka, Kierkegaard, verdad, rabino, genio, máscara.

Abstract: According to Kafka, the great danger that lurks for men is the fall into error, the passive acceptance of the opacity of the world. They face a double obstacle: first, they must go beyond the protective shield of illusion that protects the conformation of the world; second, a voluntary mechanism of concealment intervenes by means of which individuals feel the need to protect themselves from the knowledge of others. Much more dangerous than the impotence to reach the truth, is the concealment of the truth, because, if man is conscious of not having reached the end, he will continue to make efforts to approach his initial goal, while, if he has the illusion that he has deciphered the mystery, he will stop before leaving for the real battle.

Keywords: Kafka, Kierkegaard, truth, rabbi, genius, mask.

Si bien un excelente observador realiza el inventario con minuciosidad de los rostros y gestos de su alrededor, formando un verdadero compendio de gimnasia cotidiana, Kafka prefiere partir siempre de la indagación de sí mismo, intentando proponer un diagnóstico lo más exacto posible de los males del espíritu de sus contemporáneos. Esta indagación se encuentra con el problema de la dificultad de semejante conocimiento: “Qué lamentable es mi propio conocimiento de mí mismo, en comparación, digamos, con la manera en que me conozco en mi propio cuarto (Noche). ¿Por qué? No existe alguna posibilidad de observación del mundo íntimo, así como es posible aquella del mundo exterior. La psicología es probablemente en su totalidad un antropomorfismo, un rodeo de los márgenes”. [2] Precisamente por este motivo, él alimenta una poderosa desconfianza en la psicología, a la que ve como una disciplina inútil, una acrobacia ridícula que suscita aplausos u ocasiona vanas demostraciones de virtuosismo; sin que la realidad pueda ser modificada, sin que ningún efecto se haga sentir.[3] Aunque no puede resistir la tentación de analizar, de intentar penetrar en los recovecos más escondidos de su espíritu, él se declara inconforme en una nota de diario del 9 de diciembre de 1913, frente a las posibles pretensiones de una indagación empírica, de la interioridad de proponer explicaciones definitivas de los diferentes comportamientos: “El odio hacia la introspectiva activa. Las interpretaciones del alma serían: ayer estuve así por tales motivos, hoy estoy así por esta causa. No es verdad, no por esta u otra causa, por tanto más o menos. Soportarte tranquilamente, sin precipitarse, sin dar vueltas como un perro alrededor de la cola”.[4]

Para Kafka, mucho más peligrosa que la imposibilidad de llegar a la verdad es el ocultamiento de la verdad, porque si en el primer caso el individuo es consciente que no logró alcanzar el fin y continúa haciendo esfuerzos para apropiarse de su meta inicial; en la segunda situación, él tiene la ilusión de descubrir lo que era importante y descifró el misterio, deteniéndose incluso antes de haber partido a la verdadera batalla. Desde semejante perspectiva es preferible la inseguridad absoluta, la búsqueda frenética e insegura; en lugar de las certidumbres tibias, de la ilusión de fijar la realidad para siempre con ayuda de unos esquemas simplificadores. Es mejor la aceptación de la ignorancia y de la desesperación, mejor la divagación errante, la búsqueda dolorosa carente de esperanza, que la colaboración con la falsedad, que la homologación de las ficciones y su traída al mundo.

Precisamente para no transformarse él mismo en un agente del error, para no contribuir a la proliferación incontrolada de las máscaras, Kafka decide someterse a la escritura de una verdadera ascesis, que se muestra en este caso como una verdadera precaución metodológica, decidiendo fijar por escrito solo sus imágenes que lo representan de verdad y de cuya totalidad está seguro. De esta manera, él intenta someter a la escritura a la exigencia de la veracidad absoluta o por lo menos apropiarse lo más posible de esta:

En estos días no he escrito mucho sobre mí, en parte por pereza (ahora duermo mucho y profundo durante el día; mientras duermo, parece que tengo mucho más peso), pero en parte por temor de no traicionar el conocimiento de mí mismo. El temor legítimo, porque el conocimiento de sí mismo solo se puede establecer de manera definitiva en la escritura cuando esta se puede hacer más plena, hasta las consecuencias más alejadas y con total sinceridad. Porque si no se hace de otra manera ―y de alguna manera yo no estoy en este estado― entonces cuando la escritura reemplaza, según sus propias intenciones y con fuerza suprema a lo inmutable, lo que en su tiempo fue sentido de manera general, solo hace que el sentimiento verdadero desaparezca y la falta de valor de los implicados, sea reconocida muy tarde… [+]

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