Los sufrimientos del mundo – SCHOPENHAUER

Si nos representamos, en la medida en que ello sea posible de forma aproximada, la suma de necesidades, dolores y sufrimientos que el Sol ilumina en su curso, admitiremos que sería mucho mejor que el fenómeno de la vida no se pudiera provocar en la Tierra más que en la Luna sino que, al igual que en esta, también en aquella la superficie se encontrase en estado cristalino. —

|También podemos concebir nuestra vida como un episodio inútilmente molesto dentro del bienaventurado descanso de la nada. En todo caso, aquel a quien le vaya tolerablemente, cuanto más viva más cuenta se dará de que en conjunto es a disappointment, nay, a cheat; o, hablando en nuestro idioma, lleva en sí misma el carácter de una gran mistificación, por no decir una estafa. Cuando dos amigos de juventud vuelven a verse de viejos tras haber estado separados toda la vida, el sentimiento predominante que suscita en cada uno la visión del otro, debido a que le recuerda el tiempo pasado, es el del completo disappointment acerca de toda la vida; una vida que antes, en la rosada luz matutina de la juventud, se les presentaba tan hermosa, que tanto prometía y tan poco ha cumplido. Cuando se vuelven a ver, ese sentimiento prevalece con tal claridad que ni siquiera juzgan necesario expresarlo con palabras sino que, suponiéndolo tácitamente por ambas partes, siguen hablando sobre esa base.

El que haya vivido dos o tres generaciones de la especie humana tendrá una sensación afín a la del que asiste como espectador a las actuaciones de ilusionistas de todo tipo en las barracas de feria y permanece sentado mientras ve repetirse dos o tres veces seguidas una de tales actuaciones: las cosas estaban calculadas para una sola representación y por eso dejan de surtir efecto tras haber desaparecido el engaño y la novedad. —

A uno le gustaría volverse loco cuando considera las exageradas disposiciones, las innumerables estrellas fijas que resplandecen en el espacio infinito y que no tienen más que hacer sino iluminar mundos que son el escenario de la necesidad y la miseria, y en el mejor de los casos no devengan más que aburrimiento; — al menos a juzgar por el espécimen que nos es conocido.

Digno de gran envidia no es nadie; de gran compasión, incontables. —

La vida es una tarea en la que trabajar: en este sentido, defunctus es una bella expresión. —

Imaginemos que el acto de la procreación no estuviera acompañado de una necesidad ni de voluptuosidad, sino que fuera asunto de la pura reflexión racional: ¿podría entonces subsistir | aún el género humano? ¿No habría tenido más bien cada cual la suficiente compasión de la generación venidera como para preferir ahorrarle la carga de la existencia, o al menos se habría negado a cargar con la función de imponérsela a sangre fría? —

El mundo es justamente el infierno y los hombres son, por una parte, las almas atormentadas y por otra, los demonios.

Entonces tendré que volver a oír que mi filosofía es desconsoladora, precisamente porque hablo de acuerdo con la verdad, pero la gente quiere oír que Dios el Señor lo ha hecho todo bien. Id a la iglesia y dejad a los filósofos en paz. O por lo menos no pretendáis que adapten sus teorías a vuestro adiestramiento: eso hacen los granujas, los filosofastros: a ellos podéis encargarles las teorías a vuestro gusto.

Brahma produce el mundo por una especie de pecado original o extravío, pero permanece dentro de él para expiarlo hasta haberse redimido de él. — ¡Muy bien! En el budismo el mundo surge a consecuencia de un inexplicable oscurecimiento producido tras una larga calma en la claridad celeste del nirvana, que es un estado de beatitud logrado a base de penitencia; así que nace por una especie de fatalidad que en el fondo se ha de interpretar como moral, si bien en lo físico el asunto encuentra incluso una imagen y una analogía, que se le corresponden exactamente, en el inexplicable surgimiento de una nebulosa primigenia de la que se formó el Sol. Según ello, a consecuencia de las faltas morales, se ha ido haciendo gradualmente peor también en el sentido físico, hasta adoptar la triste figura actual. — ¡Excelente! — Para los griegos el mundo y los dioses eran obra de una necesidad insondable: — eso es pasable, en la medida en que nos deja provisionalmente satisfechos. — Ormuz vive en lucha con Ahrimán: — puede ser. — Pero un dios Jehová, que animi causa y de gaieté de coeur ha creado este mundo de necesidad y miseria, y luego todavía se aplaude a sí mismo con el pánta kalà lían, — eso no se puede soportar. Así pues, vemos que en ese respecto la religión judía ocupa el rango inferior dentro de los dogmas de los pueblos civilizados, | lo cual concuerda plenamente con el hecho de que sea la única que no tiene en absoluto una doctrina de la inmortalidad ni indicio alguno de ella. (Véase el primer volumen de esta obra, pp. 119 ss.)


SCHOPENHAUER, Arthur, Parerga y Paralipomena, vol II, § 156. Trad. de Pilar López de Santa María. Madrid: Editorial Trotta, 2013, p. 314-316.

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