“Un humanista radical: Cioran o la virtud del pesimismo” – Entrevista a Carlos Javier Gonz√°lez SERRANO

“El pesimista no dice que tenemos que sufrir, sino que debemos estar preparados para sufrir. En este sentido, el pesimista es un revolucionario: no quiere dejar el mundo como es, pero tampoco crea falsas expectativas. Nos sit√ļa en √©l como privilegiados y muy realistas espectadores.”

Carlos Javier Gonz√°lez Serrano

Lo que se llama ¬ępesimismo¬Ľ no es otra cosa que el ¬ęarte de vivir¬Ľ, el arte de saborear el gusto amargo de todo lo que existe.

Cioran, Cuadernos: 1957-1972

Carlos Javier González Serrano, Freigeist (Madrid, 1985). Director de proyectos culturales. Asesor de cultura y comunicación. Profesor de Filosofía y Psicología (Secundaria y Bachillerato) y tutor y orientador de la etapa de Bachillerato en el Colegio San Gabriel de Madrid. Gestor y consultor de equipos de trabajo. Filosofía, literatura, cultura y crítica social en televisión, radio y medios escritos. Conferenciante internacional en diversas instituciones y universidades nacionales e internacionales. Escritor y traductor. Licenciado en Filosofía, Máster en Psicología del Trabajo y de las Organizaciones y Gestión de Recursos Humanos, Máster en Estudios Avanzados en Filosofía, Máster en Psicología Clínica y Psicoterapia Infantojuvenil y Máster del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato.

Colabora como periodista especializado, columnista y cr√≠tico cultural para numerosas publicaciones, tanto acad√©micas como divulgativas, as√≠ como para prensa nacional e internacional. Director del exitoso programa de radio El vuelo de la lechuza (2021-2022, radio del C√≠rculo de Bellas Artes de Madrid) y de la revista hom√≥nima (www.elvuelodelalechuza.com). Ha trabajado y trabaja como gestor y coordinador de diversos equipos editoriales y period√≠sticos, y forma parte del equipo de direcci√≥n y coordinaci√≥n de distintas revistas comerciales y acad√©micas. Imparte charlas, conferencias y cursos sobre distintas tem√°ticas (filosof√≠a, literatura, psicolog√≠a infantojuvenil, edici√≥n, direcci√≥n cultural, gesti√≥n de equipos, comunicaci√≥n, escritura, historia y teor√≠a de la m√ļsica, etc.) en diversas instituciones p√ļblicas y privadas, tanto nacionales como internacionales.Colabora regularmente con importantes medios de comunicaci√≥n escritos y audiovisuales nacionales (TVE, RNE, Mediaset, Onda Cero, Cadena Ser, Ethic, Scherzo, National Geographic, Voz p√≥puli, ABC, The Objective, El Pa√≠sCuadernos Hispanoamericanos, etc.) e internacionales. Entre otros cargos de importancia, ha sido editor de no ficci√≥n en la prestigiosa Alianza Editorial (Grupo Anaya), as√≠ como editor en Herder Editorial, y colabora como asesor para diversos sellos editoriales de importancia.

Es requerido frecuente y regularmente por universidades nacionales e internacionales, y por empresas de distintos sectores, para ser miembro de comisiones y tribunales evaluadores o como consultor, así como para impartir conferencias sobre sus temas de especialización.

Presidente de la Sociedad de Estudios en Espa√Īol sobre Schopenhauer. Embajador de la Internationale Philipp Mainl√§nder-Gesellschaft (IPMG, Secci√≥n Espa√Īola). Director de Schopenhaueriana. Revista espa√Īola de estudios sobre Schopenhauer. Miembro del Comit√© Directivo de la Sociedad Iberoamericana de Estudios sobre Pesimismo (SIEP). Miembro de la International Society of Boredom Studies. Ha sido colaborador del Centro de Astrobiolog√≠a (CAB) y del Instituto Nacional de T√©cnica Aeroespacial (INTA) para el proyecto internacional ‚ÄúCultura con C de Cosmos‚ÄĚ. Reconocido especialista y estudioso del movimiento rom√°ntico y del pensamiento y la obra de Arthur Schopenhauer, Philipp Mainl√§nder, Rosal√≠a de Castro, Miguel de Unamuno o Mar√≠a Zambrano, as√≠ como del suicidio desde una perspectiva pluridisciplinar. Ha impartido e imparte numerosas conferencias y cursos sobre otros autores como Hermann Hesse, Fernando Pessoa, Giacomo Leopardi, Friedrich Nietzsche, Hannah Arendt, P√≠o Baroja, Virginia Woolf, Le√≥n Tolst√≥i, Ant√≥n Ch√©jov, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath o Edgar Allan Poe, entre muchos otros, as√≠ como sobre diversas tem√°ticas, como el inconsciente en la historia de las ideas, el desarrollo y evoluci√≥n del pesimismo, teor√≠a de la m√ļsica, psicolog√≠a evolutiva y organizacional, pensamiento pol√≠tico o la relaci√≥n entre filosof√≠a y literatura.

Ha sido Colaborador Honor√≠fico en el Departamento III (Historia de la Filosof√≠a, Est√©tica y Teor√≠a del Conocimiento) y en el Departamento I (Filosof√≠a Teor√©tica) de la Facultad de Filosof√≠a de la UCM, donde ha impartido clases, as√≠ como en diversas universidades nacionales e internacionales como invitado, en calidad de profesor visitante o como miembro de tribunales acad√©micos (Universidad del Atl√°ntico, Universidad del Norte, Universidad de Guerrero, etc.). Es requerido habitualmente en numerosos institutos de ense√Īanza media para iniciar al estudiantado m√°s joven en estudios de filosof√≠a, literatura y artes, defendiendo un recorrido interdisciplinar entre ciencias sociales, ciencias b√°sicas y humanidades.

Ha editado diversos vol√ļmenes literarios y ensay√≠sticos de importancia y es autor y coautor de numerosos libros: Filosof√≠a y muerteOrtega y Gasset. Pensar la circunstancia (traducido al italiano, al portugu√©s y al polaco), coautor y coordinador del libro Galer√≠a de los invisibles, coautor de la obra Hannah Arendt y la literatura, autor del libro Arte y m√ļsica en Schopenhauer. El camino hacia la experiencia est√©tica, introductor y editor del volumen La imposible conquista de la libertad. √Čtica, pol√≠tica y Estado en Arthur Schopenhauer, epiloguista de la edici√≥n espa√Īola de la novela de Philipp Mainl√§nder Rupertine del Fino, introductor y traductor del poemario de Philipp Mainl√§nder (Aus dem Tagebuch eines Dichters, Diario de un poeta), traductor y editor del volumen Par√°bolas y aforismos, de Arthur Schopenhauer, coautor del volumen Actualidad de Philipp Mainl√§nder, editor de la Filosof√≠a de la redenci√≥n, de Philipp Mainl√§nder, traductor de los Aforismos sobre la sabidur√≠a de la vida (Schopenhauer) o prologuista de la edici√≥n espa√Īola de la Filosof√≠a de lo inconsciente de Eduard von Hartmann, entre otros.


Un humanista radical: Cioran o la virtud del pesimismo
Entrevista a Carlos Javier Gonz√°lez Serrano

Rodrigo Menezes ‚Äď Estimado Carlos Javier, le agradezco por esta entrevista. Hace algunos a√Īos que acompa√Īo su trabajo autoral y editorial (incluso su revista, El vuelo de la lechuza, que recomiendo a nuestros lectores[1]). Me interesa pensar la relaci√≥n hist√≥rico-filos√≥fica de Cioran con los autores alemanes a los que usted se dedica, como Schopenhauer y (a√ļn m√°s) Mainl√§nder (por su oscuridad y marginalidad). De manera general, ¬Ņd√≥nde ubica usted a Cioran entre Schopenhauer, Mainl√§nder y Nietzsche en la historia de la filosof√≠a? En su interpretaci√≥n, ¬Ņa cu√°l de ellos se acercar√≠a m√°s el fil√≥sofo rumano?

Carlos Javier Gonz√°les Serrano ‚Äď Es cierto que Cioran suele ser adscrito, con cierta facilidad, al grupo de los ‚Äúpesimistas filos√≥ficos‚ÄĚ. Sin embargo, es muy conveniente matizar esta postura que puede resultar natural. Es indudable que, en el panorama decimon√≥nico, Arthur Schopenhauer inaugur√≥ lo que podr√≠amos llamar ‚Äúpesimismo moderno‚ÄĚ, y sin duda es el autor m√°s conocido de la corriente pesimista. Ahora bien, el pesimismo de Schopenhauer surge, sobre todo, como un resultado metaf√≠sico de la observaci√≥n del mundo; su filosof√≠a guarda a√ļn el anhelo kantiano de dar sistematicidad (si bien org√°nica) a la experiencia en su conjunto. Como √©l mismo apunt√≥, la realidad es un jerogl√≠fico que hay que descifrar, cuya clave interpretativa (o llave, Schl√ľssel) es la voluntad (Wille). Esta voluntad hace de nosotros seres escindidos entre el entendimiento o inteligencia (Verstand), cuyo correlato f√≠sico es el cerebro, y el deseo. Pero m√°s all√° de esta caracterizaci√≥n f√≠sica, lo relevante en Schopenhauer es su posici√≥n manifiestamente metaf√≠sica: la voluntad no es s√≥lo lo que nos constituye como individuos, sino tambi√©n la sustancia  que subyace a toda la realidad. Es su fundamento (Grund), si bien irracional, que s√≥lo desea y, por tanto, y esto es fundamental, tambi√©n nos aboca a abismos (Abgrund) de todo tipo. En este sentido, la negaci√≥n de la voluntad se sit√ļa como la acci√≥n m√°s digna que puede llevar a cabo un ser humano.

En Philipp Mainl√§nder, disc√≠pulo cr√≠tico de Schopenhauer, se mantiene este ah√≠nco metaf√≠sico, pero a diferencia del maestro, en quien la voluntad es eterna, una e indivisible, en Mainl√§nder asistimos a su descomposici√≥n: cada uno de los individuos es una parte de una unidad primigenia (Dios) que, en un primer momento, decidi√≥ darse muerte a s√≠ misma para constituir as√≠ la vida del mundo (‚ÄúGott ist gestorben, und sein Tod war das Leben der Welt‚ÄĚ). Por tanto, en el sistema de Mainl√§nder, todo se aboca a una desaparici√≥n que ya est√° predeterminada desde el inicio de los tiempos: somos fragmentos de una sustancia primordial, y, como parte de su proceso de descomposici√≥n, tambi√©n nosotros estamos encaminados hacia la Nada (Nichts). En su sistema, el suicidio queda as√≠ justificado, a diferencia de Schopenhauer, quien defendi√≥ que el suicidio supone una rendici√≥n ante las garras de la voluntad, que nos espolea continuamente. Al contrario, en Mainl√§nder, el suicidio (Selbstmord) se conceptualiza como una suerte de lucidez que no deber√≠amos condenar: quien comete suicidio es porque ha llegado a comprender el natural desenvolvimiento del mundo. √Čl mismo se dio muerte a s√≠ mismo tras recibir los primeros ejemplares de su obra magna, la Filosof√≠a de la redenci√≥n (Philosophie der Erl√∂sung) en 1876. Aunque no es la meta mainl√§nderiana: para el pensador de Offenbach am Main, existe una figura fundamental, el h√©roe sabio (weise Held), que ha llegado a comprender la din√°mica de la realidad y que, en este sentido, ayuda al resto a comprenderla y asumirla, a pesar de los sufrimientos que esta conciencia puede llegar a suponer.

En Cioran, a pesar de su tendencia m√≠stico-religiosa (que siempre tuvo presencia en su vida y en su obra), no existe este anhelo metaf√≠sico ni mucho menos sistem√°tico. En numerosos pasajes arremete contra la necesidad de desarrollar un sistema cerrado: cualquier biograf√≠a se desarrolla en un continuo fluir que no puede quedar supeditado a la rigidez de un sistema. Adem√°s, el pesimismo de Cioran no esconde un fundamento metaf√≠sico, sino que tiene que ver con las vivencias cotidianas, sumidas en el absurdo (en este punto, su pensamiento queda en parte hermanado con el de Albert Camus). En nuestro cotidiano vivir asistimos sentimentalmente a un desfondamiento de la realidad: nada de cuanto existe tiene una raz√≥n por la que es, salvo la de estar en el mundo, es decir, su pura facticidad. Por tanto, estamos sujetos a un azar imposible de sortear, y la vida, en su carnalidad, nos expone a un tr√°nsito del que no podemos dar raz√≥n. Al contrario de lo que suele decirse, en Cioran este sometimiento a lo azaroso se convierte en un humanismo radical: al darme cuenta de mi propio sufrimiento, tambi√©n lo supongo en los dem√°s, e intento mitigarlo para no hacer de este mundo un valle de l√°grimas. Al menos, para no acrecentar el dolor y el sufrimiento. Frente al absurdo que Albert Camus presenta en El mito de S√≠sifo, que nos enfrenta al abismo de nuestra libertad y que se supera a trav√©s de la acci√≥n comprometida (con el mundo, con el otro, con la sociedad y mediante el empe√Īo por alcanzar la justicia), en Cioran, al contrario, todo est√° perdido desde el principio para quien conoce la din√°mica del mundo. Aqu√≠ reside la valent√≠a de su pensamiento, su heroica propuesta como fil√≥sofo del absurdo que, lejos de dar un no a la vida, le planta cara (con todos sus miedos, pesadumbres, incertidumbres y pesares) y ‚Äďen parte con humor, en parte con un √°cido sarcasmo‚Äď decide afirmarla hasta sus √ļltimas consecuencias. Surge as√≠ lo que Cioran llama ‚Äúel m√©todo de la agon√≠a‚ÄĚ.

Se puede existir de muchas formas; pero para vivir, humana y plenamente, s√≥lo existe un camino: asumiendo el sentimiento de lo irreparable, de lo irremediable, que acompa√Īa siempre a la conciencia despierta. Por tanto, la filosof√≠a de Cioran encierra un rotundo s√≠ a la vida‚Ķ a pesar de todo. Ya escribi√≥ el autor rumano que ‚ÄúVivir s√≥lo es no pedir ni esperar nada m√°s de la vida. [‚Ķ] Los grandes solitarios no se retiraban para prepararse para la vida, sino para soportar, interiorizados y resignados, la liquidaci√≥n de la misma‚ÄĚ. Al fin y al cabo, pisar el abismo puede permitir, precisamente, tener un suelo que pisar: cuando todo est√° perdido no hay nada que perder ni que ganar. La vida se conquista en su radical asunci√≥n. Tal es el gran legado de Cioran. Un legado que no se ha sabido entender (y que sigue malinterpret√°ndose) pero que llama a una lucidez que no atemoriza, sino que calma y nos hace reposar en la certeza de que, en esta vida, nada se resuelve. ¬ŅNecesitamos, acaso, alguna otra certidumbre?


R. M. ‚Äď ¬ŅC√≥mo pensar la relaci√≥n entre optimismo y pesimismo en los tiempos modernos? Considero estas nociones sobre todo en t√©rminos filos√≥ficos, pero tambi√©n en t√©rminos culturales generales, m√°s all√° de las teor√≠as filos√≥ficas. La Modernidad suele ser considerada un proyecto civilizatorio cuyo objetivo es la realizaci√≥n perfecta de la felicidad y la optimizaci√≥n del bienestar humano en el mundo, con medios eminentemente humanos (fundamentalmente, un proyecto secular y tecnocient√≠fico de la Raz√≥n). La Modernidad ser√≠a, pues, instintivamente antipesimista, ‚Äúal√©rgica‚ÄĚ, por as√≠ decirlo, a ideas y contenidos de tipo tr√°gico-pesimista (por ejemplo, la doctrina del pecado original, o la Ca√≠da, seg√ļn Cioran). Leibniz, Spinoza y Hegel suelen ser considerados fil√≥sofos optimistas de los tiempos modernos, mientras Schopenhauer, Mainl√§nder y Cioran, pesimistas. ¬ŅCu√°l es hoy la relevancia de estos pensadores para nuestra cultura globalizada? ¬ŅCu√°l es la importancia del (de los) pesimismo(s) filos√≥fico(s) en estos tiempos de ‚Äúpositividad t√≥xica‚ÄĚ?

Carlos Javier Gonz√°lez Serrano ‚Äď He escrito en prensa sobre este asunto y lo he tratado en muchas conferencias; siempre reivindico la necesidad de pensar las relaciones entre pesimismo y vida buena. Nuestra vida est√° absolutamente contaminada por un imperativo de felicidad que nos conduce a pensar la realidad en t√©rminos de (entera) disponibilidad, como si todo estuviera a nuestro alcance, como si no hubiera impedimentos estructurales y sist√©micos que pudieran trastocar nuestras ilusiones de felicidad. El fracaso y la frustraci√≥n est√°n vetados del universo humano, al igual que la muerte, y todo lo oneroso y doloroso tiende a ocultarse. Cada vez se esconden m√°s en las ciudades lugares como hospitales, tanatorios o residencias de mayores.

Adem√°s, y es lo m√°s peligroso, desde la autoayuda, numerosos gur√ļs invaden la esfera emocional de la poblaci√≥n y fomentan la creaci√≥n de lo que llamo ‚Äúpensamiento m√°gico‚ÄĚ,[2] es decir, pensar que las cosas van a ir bien porque as√≠ lo creamos o deseemos. Nuestro deseo no se aviene a la realidad, y es conveniente tenerlo en cuenta.

Por otro lado, en una línea que podría suscribir Cioran, ser conscientes del propio mal (y del mal ajeno, del sufrimiento y del dolor que somos y que habita en y entre nosotros) es comenzar a ser conscientes de nuestra realidad. Sin reflexionar sobre el mal, sobre el sufrimiento, sobre los males de nuestro tiempo, nos resulta imposible cambiar las cosas. O, al menos, preguntarnos si podemos cambiarlas.

Al contrario, el optimismo tiende a dejar todo en su sitio, es un mecanismo de pensamiento que nos hace est√°ticos, que nos deja inermes: todo es tan bueno como puede ser.

El pesimismo y su ejercicio es, o puede llegar a ser, revolucionario: nos hace ver qu√© va mal y analiza qu√© puede cambiarse, permite comprobar e investigar aquellas estructuras (sean biol√≥gicas, sociol√≥gicas, pol√≠ticas o antropol√≥gicas) que hacen que el sufrimiento contin√ļe su camino libremente. El pesimismo nos invita permanentemente a pensar y, sobre todo, a pensarnos.

De hecho, si echamos un vistazo a la historia de las ideas, en el pesimismo rastreamos la raíz del pensamiento e incluso de la filosofía. Esto se ve ya en uno de los grandes libros sapienciales de la Biblia, el libro de Job, en el que el mismísimo Yahvé es tentado por el diablo para probar a su más leal siervo, Job, que se ve cuestionado por sus amigos más cercanos. O en el Eclesiastés, uno de los más hermosos textos de la literatura universal, que nos hace ver el mundo como un valle de lágrimas.

Por tanto, defiendo que el pesimismo es una aut√©ntica revoluci√≥n, frente al imperativo de la felicidad con el que intentan endulzar nuestras emociones y aplacar nuestra potencia individual y comunitaria para cambiar las cosas. Hasta bien entrado el siglo XVIII, salvo algunas excepciones, y bajo el dominio del pensamiento teol√≥gico occidental, se pensaba que el mundo era como deb√≠a ser; Dios se esconde tras todo acto y, en este sentido, todo guarda un significado que desconocemos. Cabe preguntarse (y as√≠ lo hac√≠an los pensadores de aquellos tiempos): si Dios es bueno, ¬Ņpuede querer nuestro mal? Y sin embargo, el mal existe. El pesimismo cuestiona, ya desde Voltaire en su breve y fant√°stica novela C√°ndido, ese trono divino. No por esperar que todo vaya a salir bien crearemos un mundo mejor. Todo lo contrario. El mundo, lo queramos o no, es como es, y tenemos que pensarlo como es. No sirven excusas. El pesimismo no llama a la rebeli√≥n, pero s√≠ a la revoluci√≥n intelectual: vivimos invadidos por un meloso y muy peligroso imperativo de felicidad, rodeados de libros de autoayuda que nos hacen creer que hemos nacido para ser felices. Est√°n creando seres humanos muy poco humanos, poco preparados para sufrir: se est√° patologizando todo lo que tiene que ver con el dolor y el sufrimiento, cuando la insoslayable realidad es que todos sufrimos p√©rdidas, rompemos con nuestra pareja, tenemos crisis con los amigos o en el trabajo, y, sin embargo, nos est√°n abocando a una sociedad medicalizada, torturada porque no sabe que en el meollo de la existencia tambi√©n se encuentra el sufrimiento. El pesimista no dice que tenemos que sufrir, sino que debemos estar preparados para sufrir. En este sentido, el pesimista es un revolucionario: no quiere dejar el mundo como es, pero tampoco crea falsas expectativas. Nos sit√ļa en √©l como privilegiados y muy realistas espectadores.

R. M. ‚Äď ¬ŅUsted est√° de acuerdo con Bruneti√®re en que el optimismo es ante todo una metaf√≠sica, mientras que el pesimismo es por principio una moral, antes de ser una metaf√≠sica?[3] A prop√≥sito de la inevitable implicaci√≥n entre metaf√≠sica, moral (o √©tica) y pol√≠tica, el pesimismo suele ser considerado una actitud y perspectiva filos√≥fica reaccionaria, mientras una actitud moderna, progresista, o aun revolucionaria, debe ser opuestamente optimista. ¬ŅEs posible ser filos√≥ficamente pesimista (hasta en el plano metaf√≠sico de especulaci√≥n, antropol√≥gico y ontol√≥gico) y, sin embargo, no ser ni querer ser reaccionario, su ant√≠poda?

C. J. G. S. ‚Äď Creo, m√°s bien, lo contrario. Que el optimismo es una actitud natural en todos los seres humanos. Es imposible vivir sin un horizonte de sentido, sin un ma√Īana al que proyectarnos. Inevitablemente, tenemos que pensar que ma√Īana sobreviviremos, que seguiremos en disposici√≥n de intervenir en nuestros asuntos y que (en parte) estar√° en nuestra mano determinar las condiciones en que nuestra vida se desarrollar√°. Ahora bien, tras este inevitable optimismo biol√≥gico (al que podemos aludir como ‚Äúactitud natural‚ÄĚ) se esconden numerosas corrientes que intentan hacer pasar el optimismo como una imposici√≥n ante cualquier tipo de adversidad.

A lo largo de nuestra vida, las circunstancias se nos ponen en contra en multitud de ocasiones, y pensar que ‚Äútodo acabar√° por ir bien‚ÄĚ puede desembocar en frustraciones y posiciones patol√≥gicas como la ansiedad, la obsesi√≥n o incluso la paranoia o la psicosis. El optimismo ha arraigado en nuestro tiempo como posici√≥n metaf√≠sica porque nos han acostumbrado, desde instancias pol√≠ticas y econ√≥micas, a vivir en la precariedad y en la crisis constante. Deber√≠amos cuestionar, m√°s bien, cu√°les son las estructuras sist√©micas que facilitan (e imponen) este tipo de posiciones, es decir, reflexionar sobre por qu√© deber√≠amos estar obligados a pensar de manera optimista sobre nuestra vida. Optimismo y felicidad no son sin√≥nimos. Cuando se nos pide que nos mostremos continuamente optimistas olvidan que el fracaso es una vivencia inevitable en toda biograf√≠a. El pensamiento m√°gico (‚Äúsi crees, suceder√°‚ÄĚ) esconde una tiran√≠a psicol√≥gico-emocional, sobre todo para la clase trabajadora. Al contrario, el pesimista no espera de manera inocente a que las cosas cambien, sino que, a la vista de lo inevitable del mal, pone remedio para saber encajarlo sin rencor. Aqu√≠ podemos recurrir a nuestro maestro Cioran. Cioran siempre imprime valor frente al sinsentido: ‚ÄúEl hecho de que la vida no tenga ning√ļn sentido es una raz√≥n para vivir, la √ļnica en realidad‚ÄĚ, escribi√≥. El pesimismo es humanista porque, lejos de vender humo felicifoide, nos expone a -y hermana en- la intemperie, que es el escenario natural en el que transcurre la vida.

El pesimismo, siguiendo tambi√©n a Cioran, es lo contrario del conservadurismo, de ser reaccionario. Escribi√≥ algo muy bello al respecto el autor rumano: ‚ÄúLos fracasos de la vida son de una fecundidad impresionante. √Čstos no destruyen sino a aquellos seres faltos de consistencia que no viven intensamente, que no pueden renacer‚ÄĚ. El pesimismo no quiere que las cosas vayan mal: asegura que, muy seguramente, nunca ir√°n mejor y que, por eso, quiz√° sea preferible tender la mano al otro en vez de resguardarnos en estupidizantes utop√≠as felicifoides.

Al fin y al cabo, lejos de sumirnos en un inoperante quietismo o en un vacuo derrotismo, un sabio pesimismo nos invita a encarar el mundo sin esquivar ninguna de sus aristas, por oscuras o inciertas que puedan resultarnos.


NOTAS:

[1] https://elvuelodelalechuza.com/

[2] Cf. CIORAN, ‚ÄúMagia y fatalidad‚ÄĚ, En las cimas de la desesperaci√≥n (1934).

[3] ‚ÄúEl optimismo es una metaf√≠sica, pretend√≠a Bruneti√®re, mientras que el pesimismo es m√°s una moral que una metaf√≠sica.‚ÄĚ COMPAGNON, Antoine, Los antimodernos: de Joseph de Maistre a Roland Barthes. Trad. de Manuel Arranz. Barcelona: Acantilado, 2007, p. 105.