La palabra frente al vacío: Filosofia de Nagarjuna (Juan Arnau)

La vida y la obra del filósofo budista Nagarjuna ha suscitado entre los investigadores académicos occidentales un interés muy peculiar. Desde el momento en que se nos dio a conocer su nombre y algo sobre su pensamiento a través de las muchas huellas que dejó en las tradiciones budistas de Tíbet, Mongolia y el Lejano Oriente, ha sido sin lugar a dudas el pensador indio del cual más se ha escrito entre los especialistas modernos. Lo que ha sucedido con esta figura influyente y poderosa (pese al enigma de su biografía ignota y su filosofía tan leída pero quizá nunca comprendida), es que cada lector descubre en ella otras tantas imáge nes espejadas. Por un lado los investigadores nos confundimos: un historiador ruso hizo de Nagarjuna un Kant y un Hegel (y a ratos un Heráclito); un filólogo historiador belga queda estupefacto, se irrita, y hace del filósofo indio un sofista; otro erudito, canadiense esta vez, hace eco del belga, pero un estudioso inglés hace de Nagarjuna un Wittgenstein.

Nunca sabremos a ciencia cierta quién fue esta figura india del siglo II (¿o sería del tercero?); pero no podemos diferir del filósofo alemán Karl Jaspers, que incluye a Nagarjuna entre las grandes figuras de la filosofía universal. No importa cómo lo aquilaten las corrientes y las preferencias de la época, la importancia y el valor filosófico de la obra de Nagarjuna y de sus herederos es innegable . Su influencia se extendió por toda Asia y vive aún entre nosotros como lo demuestra este interesante estudio que nos ofrece el doctor Juan Arnau.

El libro que el lector tiene ante sus ojos es una aventura más en este proceso fructífero y abierto hacia el futuro, que es especular inspirados por el gran filósofo indio. Como nuestros antepasados asiáticos, Arnau, en un trabajo de reflexión filosófica e investigación textual basado en las fuentes originales, lanza el reto de una nueva interpretación, contemporánea, formada en un diálogo con las grandes figuras de fines del siglo XX — Rorty y Foucault, por ejemplo — e inspirada en la ironía metafísica de Nietzsche y de Borges.

El trabajo de Arnau se pue de leer como un paso más en una cadena ya milenaria de exége sis que, como es de esperarse con un clásico como las kárikas de Nagarjuna, se extiende hacia el futuro sin un término imaginable . Ya vendrán otros con sus contribuciones inspiradas; espere mos que, como Arnau, sigan nuevos caminos en un campo que ya cuenta con varias voces de peso entre los inte­lectuales de lengua castellana-hispana. Así, este libro nos hace pensar en todo lo que hemos ganado desde la época en que Vicente Fatone trabajaba solo en Buenos Aires, en lo que nos han dado Fernando Tola y Carmen Dragonetti también desde Buenos Aires (aunque con algunas raíces en Lima), así como en la inspiración teológica de ese gigante indo-catalán que es Raimundo Panikkar. Como estos cole gas, Arnau sigue los pasos de una investigación filológica rigurosa hacia una reflexión filosófica sobre la palabra y su función como creadora de mundos.

Esperemos que este reto a la lengua y a las realidades que ella construye se lea como algo más que una reflexión sobre el pasado del budismo en India. Así, el trabajo de Arnau con sus pensamientos sobre el Proteo de la lengua nos hace pensar en otros trabajos recientes que exploran los peligros del hablar: sus seducciones en Álex Grijelmo o sus transmutaciones en Manuel Maceiras Fafián. Claro está que pensar la lengua desde una perspectiva india clásica es algo distinto; no obstante, me parece que ya es hora de que imaginemos la palabra desde una perspectiva global, más ancha y abierta que la que nos da nuestra propia tradición, rica sí pero limitada por sus hábitos inconsciente.

Es decir, que recibo esta nueva interpretación de Nagarjuna con la ilusión y el deseo de que llegue a abrir nuevos caminos a la interpretación del budismo indio, pero que también se haga sentir entre nosotros como imagino se hizo sentir la obra del filosofo indio en sus tiempos. Un pensador erudito, gran versificador, de elocuencia impecablemente gramatica, que escribía en sánscrito (la lengua clásica, culta y cultivada por antonomasia): un filósofo que vivió irónicamente la fe que tienen los intelectuales elocuentes y hábiles en el debate, de frase impecable, pero que a la vez nos quiso sacudir con una idea que socava nuestra fe en la lengua. Una fe que nos ha lle­vado a soñar en una lengua diáfana, leal y estable.

LUIS O. GÓMEZ
Universidad de Michigan
Ann Arbor, 3 de junio de 2003

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